Manuel Rivas estuvo acertado el sábado (sobre todo el primer párrafo), pero luego
se perdió un poco en los siguientes. Millás, espléndido. Es la mejor de las que
hemos leído esta semana.
"Terrible fue la peste de Londres en el año 65. Barrió cien mil almas y sin embargo
me dejó vivo". Tal es la conclusión del Diario del año de la peste, de
Daniel Defoe. Imposible expresar mejor en sólo tres frases la extrañeza
que proporcionan algunas decisiones del destino. Parece un epitafio, un epitafio
pensado para un vivo, ya que, pese a la contradicción aparente, los que se quedan
necesitan a veces este tipo de sentencias funerarias tanto o más que los muertos.
¿Cómo encerrarse en casa, tras haber sobrevivido al fin del mundo, sin la ayuda
de un par de frases que expresen el estado de ánimo al que estás condenado para
el resto de tus días? Al tallar una inscripción semejante a la entrada de tu hogar
con las mismas herramientas que utilizarías para grabarla en tu lápida, estás
proporcionando al visitante más información de la que cabría en una biografía
extensa. "Terrible fue la peste de Londres en el año 65. Barrió cien mil almas
y sin embargo me dejó vivo".
Contemplando estos días las imágenes servidas
por la prensa, teníamos la impresión de que los difuntos eran más reales que los
vivos. Viéndoles cavar las tumbas con esos monos de color blanco y con las facciones
ocultas tras los pañuelos o las máscaras, los supervivientes nos parecían presencias
fantasmagóricas, seres a medio camino entre dos mundos. Casi tranquilizaba la
contemplación de los cadáveres, convertidos al fin en materia inerte y liberados
de la necesidad de atravesar ese infierno en el que uno, aun sabiéndose muerto,
continúa atado a la agotadora burocracia de los vivos: cavar fosas, preparar piras,
buscar o amortajar parientes, sin olvidar la humillación de correr tras la sombra
de los helicópteros.
Leo que algunos de estos supervivientes fantasmales,
entran en los hospitales y se llevan, como el hombre del saco, a los huérfanos
para traficar con ellos en el mercado de la prostitución. "Notamos algo raro antes
de la llegada de la ola", aseguran los que escaparon a ella. Muchos continuamos
notando algo raro tras su retirada. Y no es sólo la extrañeza de haber sobrevivido
al fin del mundo, sino la de no saber para qué. "Terrible fue la peste de Londres
en el año 65. Barrió cien mil almas y sin embargo me dejó vivo".