A
Sartre le quitan el cigarrillo y a Franco lo quitan entero, con
caballo y todo (creo que he visto más fotos de Bertín Osborne a caballo
que de Franco). Con su gracejo habitual, la ministra de Fomento dice que en el
hueco van a poner un monumento a la concordia. Amárrame los pavos. Qué frase tan
oportuna después de ver la gente que se ha echado a la calle con el brazo tieso.
No sé a cuántos grados hervirá la sangre, pero algunos se cuecen a bajas temperaturas
tal que si fueran merluzas en cocinas de autor. Si Francis Paniego hace
la merluza a 45 grados, un señor cantando el 'Cara al sol' se cuece a temperatura
ambiente (siendo el ambiente propicio). La liturgia de la retirada ha sido lo
mejor. La sábana blanca (no sé si para disfrazarlo de muerto o de fantasma) y
el traslado. Hombre, que parecía José Luis López Vázquez en 'La cabina'.
Una se imagina a la estatua llegando a un sitio donde hay esqueletos con corbata
y todas esas cosas que veía López Vázquez. Bueno, que éste sale en un anuncio
de MacDonalds (¿o lo he soñado?). En fin, desde que vi que la arquitectura sesentera
de Benidorm es de lo más cool (según Wallpaper) me creo cualquier cosa
que me vendan como lo más. Esta manía de tirarlo todo no puede ser buena. A ver
si dentro de unos años el gotelé y las estatuas de Franco son tendencia. Como
Benidorm. Y vete tú a buscarlos.
Y en Francia, en la foto del catálogo
de la exposición que la Biblioteca Naciona dedica a Jean Paul Sartre ha
desaparecido el Gitane que llevaba entre los dedos en la fotografía original.
Teniendo en cuenta la cara del filósofo (como de monja sádica), yo habría visto
más oportuno retocarle la jeta. Que esos labios se hayan posado en tantas mujeres
y que tantas mujeres hayan mirado a los ojos de semejante belleza masculina me
reafirma en la teoría de mi amiga Carlota: "Que piiiii son las tías" (no digo
putas porque luego vienen algunas tías y se molestan). El intelectual como seductor
es una figura que habría que estudiar. No es sólo que fuera feo, es que, como
dicePaul Johnson en su repaso a los intelectuales, no le sobrevivió
ningún cuerpo de doctrina. Tanto bluff para nada. Como cuenta Johnson, a su entierro
fueron más de 50.000 personas, la mayoría jóvenes. Gente que hasta se subía a
los árboles (un julandrón incluso se cayó ene l ataúd). Las preguntas que se hace
Johnson sobre la gente que fue al cementerio de Montparnasse me las hago yo también
con respecto a todos esos que había viendo cómo se llevaban a Franco (y me refiero
a los dos bandos). ¿Qué causa habían ido a honrar? ¿Qué fe, qué verdad afirmaban
su presencia? Y a esas horas.