España, lunes 28 de marzo
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| Lady Camila |
| Por FRANCISCO UMBRAL
El Mundo, 22 de marzo de 2005 | |
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Es
la mejor columna de la semana porque... | |
Cuando Umbral es Umbral, tampoco merece la pena buscar mucho más. |
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en el foro | | | Con
la boda ya anunciada, Camila Parker se ha lanzado a la renovación de todo
su look psicopatológico. Es otra, sonríe más y revuelve entre los trapos como
si fuera la Letizia inglesa, una joven progre que va a renovar los vinos
y los venenos de la Corte. Así y todo, Camila sigue más cerca de la sombra de
Rebeca que de la sombra de Letizia, que se está quedando en su sombra, esta criatura
nuestra, con la violencia de género que le aplica semanalmente Jaime Peñafiel.
No le inquietaría a uno tanto la movida modisteril de Camila si todo se
limitase a ella, pero es que uno ve en esta madura con contratipo de ama de llaves,
la imagen del Imperio Británico, que se está horterizando con el socialismo naïf
del señor Blair y las falditas escocesas del príncipe Carlos.
Criticamos
mucho a Camila, que, reproducida en un sello de chupar da la imagen cabal de esa
Inglaterra con el dolor de cabeza constante que supone Irlanda, lo mal que visten
los ingleses en plan socialista, su autoexclusión del euro y la ausencia de un
Churchill o una Thatcher que puteen al resto de Europa con sus desplantes,
sus intrigas de palacio, sus caballos de Ascot, que siguen arrastrando
un Imperio, y su diplomacia gibraltareña que de vez en cuando suelta chispazos
como el de la isla Perejil, ahora que no tenemos a Trillo para vestirse
de Wellington y sólo nos queda Bono para mandar tropas adonde diga
Bush, tres días antes de que se entere Zapatero.
Quiere uno decir,
en fin, que las monarquías suelen dar, más o menos, la imagen de sus protagonistas.
Esto es una realidad pictórica que inauguró don Francisco de Goya con La
familia de Carlos IV y que se repite en España y en todas las realezas
de Europa. Camila Parker, ese ama de llaves del corazón del príncipe, resume perfectamente
lo que es hoy aquel Imperio. No debemos culpar siempre a la señora Camila de tanta
domesticidad, porque ella es la consecuencia y no el origen de la imagen que los
británicos ofrecen hoy al mundo.
Esta especie de decadencia, que se llevaba
en familia, la lanzó Diana de Gales a la publicidad de los grandes figurines,
las revistas del corazón y de más abajo, las enciclopedias de peluquería y los
cruceros desnudos y en bolas por los mares y los puertos donde los atunes siguen
hablando inglés burdamente, como si fueran políticos españoles.
Diana
descubrió lo que luego les contaba a sus novios y ayudas de cámara: «Esta monarquía
es tan burguesa que hasta tienen relaciones con el personal de la cocina». De
modo que el destino no tuvo más remedio que matar a la chica.Pero desde entonces
la monarquía inglesa sigue decayendo, pues la señora Thatcher les dejó muy preparado
el camino.
Puede que la boda de Carlos y Camila, en lugar de una orgía
de clase media sea el punto final de esa decadencia y que se queden ahí para siempre,
aislados con sus libras, su teatro, su brisa colonial y su Five o clock tea,
o sea el té de las cinco, que ya dijo Julio Camba que sólo hay que leer
tea porque lo otro no son sino las pastas.
Esta Europa zozobrante
que ahora se remodela, puede quedar estática para siempre en su triste y tedioso
té de las cinco, que es lo que mejor prepara en sus cocinas interiores la hacendosa
Camila. | |