info@sincolumna.com
España, lunes 4 de abril de 2005

:: Inicio >> El columnazo >> Columna

Alcachofing

Por GUILLEM MARTÍNEZ
Interviú, 28 de marzo de 2005

Es la mejor columna de la semana porque...
Hacía tiempo que no recordábamos a Martínez y nos reíamos con sus grandes columnas. Destacamos la de esta semana en Interviú. Y ahora con fotoo en vez de caricatura.
Opina en el foro
Una seña de identidad del periodismo nativo es lo que los científicos de la NASA denominamos, de manera informal y cuando no estamos de servicio, alcachofing. El alcachofing consiste en acercarle un micrófono con forma de alcachofa a la boca de la cara de un político, momento en el que el político, ñaca, suelta una declaración. Con la declaración abandonada en la alcachofa por el político, se fabrican los periódicos del día siguiente. Y, socorro, las tertulias radiofónicas. Que vertebran un periodismo como el de The Sun, sin tía en bolas en la portada, pero aún más popular, pues no requiere leerse. Ahora que lo pienso, como la tía en bolas de la portada de The Sun, por otra parte.

El `alcachofing´ y tú
El alcachofing, desde sus inicios, en tiempos de Tony Manero y la primerísima Transición, se ha ido comiendo géneros periodísticos. Verbigracia: la investigación, género democrático que hoy sólo se aplica sobre intelectuales como Jesulín de Ubrique. Hace trescientos sesenta y pocos días, el 11-M, el alcachofing mostró al mundo a) su do de pecho y b) su peligro descomunal. Un gobierno se pasó tres días –y tres pueblos– practicando alcachofing y telefoning para negar la realidad. Y coló, pues no había ningún mecanismo cultural para defenderse del alcachofing, para devolver en forma de pregunta o de duda lo que te declaran non-stop. De hecho, aquel do de pecho del alcachofing sólo pudo ser detenido con algo muy parecido, si bien muy diferente. Miles de personas anónimas practicando alcachofing alternativo, lanzando declaraciones, desde su teléfono móvil. Privatizado la legislatura anterior, por cierto, sin que hubiera mucha investigación periodística y sí mucho alcachofing.

Un enamorado, un quinqui, un político, son lo que declaran
Esta mañana a primera hora, el alcachofing sigue estando cachas. Por convencionalismo cultural, un político que no declara nada no existe. En otro orden de cosas, la buena salud del alcachofing ilustra el estado de salud de la comunicación por aquí abajo. Un político le da a la alcachofa. Dice algo, que queda en el aire junto con chorrocientasmil alcachofadas más que han dicho otros miembros de su colectivo profesional. Los medios de comunicación son los que recogen las alcachofadas, las depuran, las interpretan y velan para que tengan categoría y no hagan el ridi. De ello se desprende que los medios de comunicación tienden a la bipolarización, como los políticos. Y que a menudo potencian o desprestigian alcachofadas por ese sistema de la afinidad electiva bipolarizada. Veamos, amiguitos, tres ejemplos prácticos de alcachofadas. Son tres declaraciones chorras, peligrosas, irresponsables –tres joyas o tres exponentes medios del alcachofing, que no lo sé–, y que han recibido trato diferente en los medios.

Los tres tenores
Esta semana, los reyes del alcachofing han sido a) Bono, b) Rajoy, c) Maragall. Me explico. a) declaró que las víctimas del 11-M habían “muerto por España”. a) es una/otra apropiación indebida de cadáver, muy característica de la época PP. Y, por lo que veo, glups, de la época de Acuario. a) vuelve a incidir en el españolísimo tema del muerto envuelto en bandera, con lo que España se confirma como el único país del mundo donde un desalmado te puede matar y eso puede tener sentido. Patriótico. Las declaraciones a) han aparecido en todos los medios, sin diferencia bipolar y sin ninguna crítica. a) es una suerte, por tanto, de máximo común divisor de la realidad, esa cosa que estructuran las alcachofas. b), a su vez, ha declarado que las conclusiones de la Comisión 11-M “son fraudulentas”. b), muy en la honda PP de este último año, se instala en una realidad paralela, que no necesita la realidad. Lo curioso y peligroso es que la alcachofada b) ha sido defendida como axioma por una bipolaridad de las dos que dispone el mapa de la comunicación hispana. Es decir si bien las del señor b) son declaraciones que se excluyen de la realidad, son la realidad para los consumidores de la bipolaridad b), que cada día necesita menos de la realidad. Y más del alcachofing. Socorro. Por último c) ha proclamado estos días la barra libre de alcachofing, y ha declarado la tira de declaraciones. Yo me quedo con “la Generalitat se siente como una mujer maltratada”, una obra de arte en la que el presi hace con lo políticamente correcto lo que su antecesor con la bandera catalana: envolverse en ella. Con un par. Y con poco más. La opción c), tan burra y cuestionable como las dos anteriores, empero, no ha tenido ningún medio de comunicación que la defienda y la mime. La periferia, ya vaya vestida con bandera o de mujer maltratada, no cuenta en el mapa del alcachofing.