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La política es la vida. No se puede hablar de la vida
sin referirse a la política. Todo es política: estudiar,
buscar trabajo, vivienda, novio, casarse por Rouco o por Trini, tener
hijos, llevarlos a un colegio, ponerlos en religión, quitarlos
de religión, y así. Cuando yo era una pedorrilla (ahora
soy pedorra a secas), los mayores me aocnsejaban todo el rato que
no me metiera en política. Según ellos, la política
no me daría de comer. Qué equivocados estaban, pobrecicos.
Hoy, el columnismo es una de las mejores salidas profesionales. Si
no sirves para ingeniero informático ni para juez estrella
o top model, te haces columnista y andando. Aquí, el más
tonto hace una columna.
Antes, todo español llevaba dentro un árbitro. Ahora
lleva un columnista político. Hagan ustedes la prueba: métanse
en Internet, busquen un periódico digital, un blog, un confidencial,
una cosa de esas. Pinchen cualquier noticia política y a
continuación, lean los comentarios de los lectores. Son columnas.
De política nacional, claro. Porque una cosa es la política
en su sentido más alto, y otra, la política de andar
por casa. Se entiende por política nacional el vaivén
de declaraciones entre unos líderes y sus contrarios. El
columnismo está sentado en la portería de su columna,
recoge esas declaraciones y las cocina según receta propia.
Los políticos dan de comer a los columnistas, y los columnistas
dan de comer a los políticos. No hay que salvar distancias:
lo mismo hacen los analistas del cuore con Bárbara Rey y
Ángel Cristo, que se pelean a través d ela prensa.
Política no hay más que una: la que mueve el mundo
(aunque el mundo está tan mal q ue últimamente ya
no se sabe quién lo mueve). En España siempre hemos
despreciado los asuntos internacionales, pero a estas alturas de
la peli nno podemos seguir siendo pacatos. Todo lo que ocurre afuera
nos afecta. ¿No queríamos globalización? Pues
ya la tenemos: problemas para todos. África se mueve en masa,
la gripe aviar amenaza calladamente, Pakistán sufre los efectos
de un gran tsunami seco, Guatemala busca a sus pobres bajo el lodo,
Nueva York vive jornadas taquicárdicas, Irak sigue oliendo
a carne quemada. No hay política capaz de poner orden en
este imponente descalabro.
Si Dios existe (y no es Bush), se hace notar demasiado. que despierten
los columnistas, porfa. Que salgan de la corrala nacioanl. yo lo
veo todo muy feo. ZP ha dejado de hacerme gracia. Rajoy lo mismo.
Y el Estatut me toca un pie.
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