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España, miércoles 2 de noviembre de 2005

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No es lo mismo, es distinto

Por QUIM MONZÓ
La Vanguardia, 26 de octubre de 2005

Es la mejor columna de la semana porque...
Es, sin ningún lugar a dudas, la frase de la temporada. La dijo Juan Marsé para finalizar el rifirrafe que tuvo con Maria de la Pau Janer la noche del Planeta. Dijo Marsé: "No te confundas. A mí me interesa la literatura y a vosotros la
vida literaria".
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Para decidir si compartimos las opiniones de Marsé sobre la calidad de las novelas ganadoras habrá que esperar a que publiquen los libros, y leerlos. Pero, independientemente de a quién iba dirigida y si era justa o no, esa frase define perfectamente una situación que se percibe desde hace tiempo. En cada nueva oleada de gente que aspira a publicar, es fácil distinguir dos grupos. Los que sueñan con escribir y dedicar a eso su vida, y los que quieren ser escritores y convertir su vida en una vida de escritor. Alguien podría preguntar si acaso no es lo mismo querer escribir y querer ser escritor. Para mí, la respuesta es clara: no es lo mismo, ni mucho menos. Me doy cuenta de esa división cuando observo a los jóvenes de ahora, y me doy cuenta porque me he ido haciendo mayor y eso da perspectiva, pero esas dos tendencias no son nada nuevo. Si vuelvo la vista atrás - ahora que sé que esa distinción existe y que veo los límites con nitidez- me doy cuenta de que cuando yo era joven también había gente que soñaba con escribir y gente que soñaba con ser escritor.

Quien quiere escribir escribe, sea poco o mucho, y sin pensar simultáneamente qué traje se pondrá el día que lo presente a la prensa, si decide hacerlo. Escribe, repasa, ve qué chirría en lo escrito e intenta solucionarlo, hasta que queda satisfecho. Si decide publicarlo lo hará, sea en forma de libro, en un diario de papel o en una revista colgada en internet. En cambio, para quien ansía ser escritor todo eso - aun siendo importante- no es lo principal. Escribirá, claro está, pero su objetivo básico es otro: llegar a conformar la imagen que ha soñado de sí mismo como escritor.De sí mismo como escritor maldito, por ejemplo, ignorado por el público y menospreciado por la crítica, pero convencido de que un día - aunque sea cuando haya muerto- le llegará la gloria y su nombre resplandecerá en el firmamento literario, aunque ahora se pudra de amargura en un loft, cochambroso o de diseño, a elegir. Puede que la imagen que se ha hecho de sí mismo sea ésa o puede que sea otra diferente por completo: la de un escritor triunfante, pulcramente vestido mientras desayuna en su mansión con vistas sobre la ciudad y la sirvienta se apresura a encender la chimenea de su estudio, al que él entrará en cuanto acabe el desayuno y donde, durante un par de horas más o menos, tecleará páginas destinadas a cosechar los más importantes premios de la literatura mundial. Sólo escribirá durante un par de horas porque, después, deberá acudir a la presentación de un libro de poemas de su amigo Fulano - con almuerzo incluido-, a una entrevista con el periodista Mengano y, al atardecer, a una reunión con el diputado Zutano, a quien asesora sobre qué estrategias seguir en política cultural. Todo eso antes de, por la noche, acudir a la cena privada a la que le invita el Presidente (de lo que sea), gran amante de la literatura y que, llegados al armañac, gusta de departir con él de neosimbolismo. Pero no todo el rato, porque siempre hay tiempo para una partidita de billar, antes de que, entre las dosy las tres, tome el coche y vuelva a casa, satisfecho de haber conseguido ser lo que siempre había soñado.