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España, miércoles 16 de noviembre de 2005

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Un alma con 22 cuerpos

Por JUAN JOSÉ MILLÁS
El País, 13 de noviembre de 2005

Es la mejor columna de la semana porque...
La metáfora no es nueva, la ha usado Millás más veces. Pero tan bien escrito...
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La historia de la humanidad es la historia del cuerpo. El cuerpo viene produciéndonos de su aparición una extrañeza tal que no nos cansamos de representarlo, de reproducirlo, de reinventarlo para desgastar la emociónque nos provoca. La arquitectura, el arte, la mecánica no han hecho otracosa que copiar el cuerpo o sus partes (¿qué es, si no, unacasa, una grúa,una estatua?). La clonación es el conmovedor empeño dereescribirlo de arriba abajo, de forma literal, a la manera en la que Pierre Menard, elpersonaje de Borges, pretendía reescribir el Quijote.

La lengua es un intento más de comprender el cuerpo por la vía de calcarlo.Una oración gramatical contiene las mismas dosis de morfología, de sintaxiso de semántica que el organismo de un mamífero. Dios no inventó el bazo niel páncreas ni el intestino grueso, pero creó la lógica que hizo posible laaparición de las vísceras. Si usted le implanta un trozo de su hígado a unfamiliar, usted no tiene que darle ninguna instrucción a ese fragmento hepático porque él sabe hasta dónde crecer, y en qué dirección. Si ustedpronuncia las tres primeras palabras de una oración condicional, la oración sabe perfectamente en qué tiempo debe ir el verbo. Representamos el genoma con las letras del alfabeto porque no hay reflejo más fiel del cuerpo que lalengua, especialmente la escrita. Sorprende la cantidad de información quecabe en una célula, pero no es menos admirable la que cabe en unaconjunción.

Álex Grijelmo, en El genio del idioma, demuestra que ningún hablante alque se le propusiera crear un verbo nuevo a partir de un sustantivo preexistente, se le ocurriría terminarlo en er o ir (como temer o partir),sino en ar (como amar). ¿Por qué? Porque hay en el idioma una información genética, un impulso lógico, una poética, que nos obliga, lo pretendamos o no, a terminarlo en ar (nadie deduciría, de chat, chateer o chateir, sino chatear). Cuando movemos los labios, en fin, no decimoslo que queremos nosotros, sino lo que quiere la gramática, del mismo modo que cuando abrimos la mano aparece el número de dedos que quiere la biología.

El español es un cuerpo con 22 almas. Compartimos lo esencial (el sistema endocrino, la circulación sanguínea, el aparato digestivo...), pero nosasaltan dudas puntales en el uso, la pronunciación, la ortografía o el significado de determinadas palabras o locuciones. Un conjunto de sabios delas 22 academias de la lengua española ha superpuesto todas esas almas, comoel que superpone un conjunto de esqueletos dibujados sobre papel cebolla, para analizar las diferencias y las semejanzas que hay entre ellas. Tras un trabajo de cinco años, han dado a luz un diccionario normativo que sirve lomismo para un español que para un ecuatoriano; para un mexicano (¿se debe escribir, por cierto, mexicano o mejicano?) que para un salvadoreño; para unchileno que para un costarricense... Si usted busca el término overbooking, utilizado para expresar que una compañía aérea o un hotel han vendido más plazas de las que disponían, el Diccionario panhispánico de dudas le aconsejará utilizar sobreventa o sobrecontratación, que dicen lo mismo, pero con nuestro hálito. Si usted busca Méjico, le remitirán a México, donde le explicarán el porqué de la equis frente a la jota. Si usted no sabe si escribir pábilo o pabilo, cuba-libre o cubalibre, hondear u ondear, píxel o pixel, máster o master, reúma o reuma, no tiene más que abrir el diccionario y dejarse llevar.

Los diccionarios de dudas gozan de una tradición importante entre nosotros. Son útiles y divertidos a la vez. Personalmente, los consulto con frecuencia, unas veces por necesidad y otras por vicio. El Panhispánico se dirige por igual a los necesitados y a los viciosos. Es claro, sencillo e implacable, pero impone la norma por vía de la argumentación y del ejemplo. Posee además una unidad de estilo que no es común en las obras colectivas. Y hasta aquí hemos llegado, así que punto final (estuve a punto de escribir punto y final, pero consulté el Panhispánico y me disuadió. La denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte, es incorrecta).