España,
miércoles 7 de diciembre de 2005
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| La geografía es pura poesía |
| Por BLANCA RIESTRA
ABCD las letras, 3 de diciembre de 2005 | |
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Es la mejor columna de la semana porque... |
| El título tira un poco para atrás, pero la columna remonta según vamos avanzando. |
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Siempre he pensado que la geografía es pura poesía, una ciencia sólo apta para los ojos de los magos. La geografía es esquiva y llena de dobleces. Como los poetas, los geógrafos siempre dan la impresión de estar hablando de otra cosa.
Además, como la poesía, la geografía trata de aprehender el espacio sin lograrlo. Mediante sortilegios: se expresa mediante mapas venados por complejos fluviales y erupciones volcánicas, por interestatales y por fronteras titubeantes y uno tiene la impresión de que contempla paisajes lunares o dibujos de legumbres. La geografía es como un libro de oraciones. Por ejemplo, mientras escribo esto, aquí amanece y en Madrid comienza una tarde soleada. No lo entiendo, ustedes y yo no vivimos al unísono: nos aísla una mampara de cristal. Nada hay nada más sobrecogedor que esas diferencias horarias, que los aviones, que las rotaciones, que los círculos. Las fronteras temporales no sólo son incómodas, son profundamente carnales, pornográficas incluso, y dinamitan nuestro mundo, tan desligado de lo terrestre. Y es que la vida, nuestra vida, querámoslo o no, es puramente terrenal, hecha de silicio, de yodo, de peñascales. Somos aquellos cuatro bichos montados en la naranja de Paul Eluard.
Yo levantaba la mano, tú estabas rascándote el cogote.
Es curioso, todo aquello que nos recuerda que el planeta gira me pone los pelos de punta. Supongo que lo mismo les ocurre a millones de cristianos americanos que están tratando de rescribir la historia de la ciencia. Miro por la ventana y la luna que ilumina Albuquerque ?inclinada, extraterrestre? hasta me parece otra. Los meridianos compartimentan tiempos que no llegarán a tocarse nunca, distintos pisos de un edificio de cristal, que es lo que llamamos realidad o vida. Si el espacio es una metáfora del tiempo, esta distancia del alma querrá decir algo, digo yo, quizás que siempre habrá distancia y eso es suficiente:
que en esta edad veloz de aparente sincronismo, el tiempo seguirá peregrinando por carreteras secundarias, cansino, con bastón y largas barbas polvorientas.
La tierra existe y gira ?como dice el tango?, yo lo he visto. Giraba y giraba y, he visto también desiertos gigantescos y grandes llanuras con vacas coloradas, y un coyote muerto en medio de una carretera en Arizona, y una montaña enorme partida por el centro desde donde se elevaban gemidos de trenes, la llamada del mundo que termina. Dicen que junto al Gran Cañón viven los navajos y reina un silencio pintado lleno de no-tiempo y de no-espacio. |
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