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España, miércoles 8 de febrero de 2006

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Al caricaturista desconocido

Por MÀRIUS SERRA
La Vanguardia, 7 de febrero de 2006

Es la mejor columna de la semana porque...
Un poco de humor, tampoco viene mal.
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Posee una B más que Brigit Bardot: cara de bonachón, barba y barriga. Cuando habla por teléfono grita más de lo necesario. También chilla ante la tele, y no sólo cuando dan fútbol. Basta que salga un político contando cualquier patraña para que él le interpele, despotrique y se ría en su cara. Su madre y sus amigos le conocen por dos nombres distintos. Él firma con el segundo, pero cuando va al banco se acoge al primero sin dudarlo. Sabe que el mundo del que vive es distinto al mundo en el que vive. En el primero se atreve con todo. En el segundo no. Para empezar, le dan miedo los médicos. También siente pánico ante las reuniones de vecinos y la ITV. Conduce un Critroën. De pequeño, sus compañeros de estudio en los hermanos se reían de él porque llevaba gafas, o porque era patoso y tal vez estaba un poco más gordo de lo normal, o por todo eso a la vez. Pronto aprendió a protegerse de las pullas ajenas mediante las propias. Se escondía tras una sonrisa insinuante mientras escudriñaba a sus adversarios en pos de un pequeño detalle que magnificar. Porque lo suyo es exagerar.

Un hombre a una nariz pegado acaba transformado en elefante, una mentirijilla en bola de nieve, un no en tortazo, un engaño en cuchillo, un devaneo en vuelo angélico, un poderoso en oso sin poder y un dios en pordiosero. La cuestión es mirar distinto para contar lo mismo, o viceversa, y todo mediante la más primitiva de las artes, practicada ya por los huéspedes de las cuevas de Altamira. El dibujo. La caricatura. Cuatro trazos capaces de conformar una realidad. Eso es lo que le apasiona a nuestro dibujante bonachón, barbudo y barrigudo.

Pero la suya es una pasión peligrosa. Cada época tiene sus temas intocables, sus vacas sagradas, sus tabúes. Este domingo los ninots del gran Batllori versaban sobre la conveniencia de hacer una tira sobre Mahoma. La conclusión era que sí, pero "dibujando sobre papel negro con tinta negra". Aquí, la última época dorada de la prensa satírica coincidió con los estertores del franquismo, en el lustro 1972-1978, desde la aparición de Hermano Lobo y El Papus hasta el cierre de Barrabás,La Codorniz o Por favor.Fue un lustro muy fértil, en el que emergieron firmas como Chumy Chúmez, Forges, Gila, Ivà, Oscar, Perich, Maruja Torres, Umbral, Vázquez Montalbán o Vicent. Luego todo pareció domesticarse, pero las tiras y las publicaciones nunca han dejado de incordiar. La salud de una sociedad se mide por su capacidad de reírse de sí misma. La sátira política y religiosa es una medicina contra el fanatismo. Aunque ahora parezca que todo lo agrava, sin ella se enferma mucho más rápidamente.

Cojan papel y lápiz. He aquí las instrucciones precisas para homenajear al caricaturista desconocido: "Con un seis y un cuatro, / aquí tienes tu retrato.
/ Luego trazas con destreza / la curva de la cabeza. / Si dentro pintas un nueve, / la oreja a salir se atreve. / Una curva a cada lado / y el cuerpo ya está pintado. / Y sin muchas razones / le ponemos los botones. / Las piernas y zapatos / se hacen con dos garabatos. / Con dos rayas y palitos, / aquí tienes los bracitos. / Una raya y medio cero / y ya tienes el sombrero. / Y con una raya más, / hasta tu bastón tendrás. / Pues con bastón y sombrero, / eres todo un caballero".