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España, miércoles 29 de marzo de 2006

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Chapelas en Tlaxcala

Por MÀRIUS SERRA
La Vanguardia, 28 de marzo de 2006

Es la mejor columna de la semana porque...
La tregua, desde el punto de vista filológico. No todo deben ser análisis sesudos de analistas profesionales.
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Que ETA haya redactado sus comunicados en tres lenguas - euskera, francés y español- provoca una atención especial en las cuestiones filológicas. En el anuncio de alto el fuego permanente que el miércoles 22 paralizó todas las programaciones televisivas y radiofónicas, destacan dos detalles. En la versión castellana, tras "Euskadi Ta Askatasuna ha decidido declarar un alto el fuego permanente" no aparece el sintagma "de las acciones armadas", presente en las otras dos versiones: "l´arret permanent de ses actions armées/ ekintza armatuen". Tal vez el traductor al castellano (o coautor) las eliminó porque consideró que mentándolas tras un alto el fuego cometía pleonasmo, pero hubo analistas que dieron a esta elipsis una intencionalidad oculta. Si las extorsiones a empresarios no se consideraran "acciones armadas", el anuncio sería más restrictivo en francés y euskera. El otro detalle verbal que ha generado un cierto debate es el sentido del vocablo iraunkorra.Sus equivalentes permanent y permanente remiten meridianamente a la fórmula que utilizó el IRA, pero al poco de conocerse el anuncio empezó a circular una especie de leyenda semántica que otorgaba un sentido más duradero a iraunkorra que a permanente.En los foros se sucedieron mensajes en los que se especulaba sobre sutiles cambios de sentido entre sinónimos como duradero, estable o perenne. Indefinido - mugagabe-implicaría que no se sabe cuándo, pero puede acabarse; definitivo - behinbetiko-o total - erabateko-serían más fuertes que permanente. Hubo quien apeló, patriótico, al poema de Gabriel Aresti Nere aitaren etxea (la casa del padre) en uno de cuyos versos aparece el verbo iraun,del que deriva iraunkorra.En el poema, a pesar de todos los ataques exteriores, la casa permanece en pie, firme. Esa perdurabilidad, de cuento de los tres cerditos, se expresa así: "Nere aitaren etxea zutik iraunen du".

Desviar hacia las palabras el vértigo que provoca el paso de la violencia a la paz es el primer paso para ponerse a negociar, aunque sea en lenguas o registros distintos. Estos días acaba de hacerse público en México el manifiesto de Tlaxcala, firmado por una treintena de traductores comprometidos con la diversidad lingüística.

Afirman, de entrada, que "una lengua no es sólo estructura gramatical, palabras engarzadas de acuerdo con un código sintáctico, sino también, y sobre todo, creación de significado a partir de nuestros sentidos". Se muestran muy críticos con la depredación que ejercen los idiomas promocionados por los imperios. Toman su nombre del Lienzo de Tlaxcala, transcrito en el siglo XVI por el mestizo Diego Muñoz de Camargo. Tlaxcala era la ciudad Estado rival del imperio azteca de Tenochtitlán y ayudó a Hernán Cortés a destruirlo, con lo cual firmó su propia sentencia de muerte política y cultural. En su manifiesto, los traductores tlaxcaltecas de hoy recuerdan el complejo de superioridad que acompaña a ciertos hablantes monolingües y constatan que las traducciones desde el inglés a otras lenguas son abrumadoramente superiores a las de sentido inverso. ¿Por qué cuando se habla entre progresistas de especies animales en peligro de extinción queda bien aplaudir y, en cambio, cuando se trata de una lengua se impone poner cara de asco?