
...Ignacio
Camacho vuelve a demostrar que es la firma que está
en mejor forma del ABC. |
MENOS mal que el Gobierno está en todo. Si a usted no le
llega el salario para una pularda o un capón, si no es astronauta
para alcanzar unas angulas por la estratosfera, si no se puede permitir
un besugo, ni un cordero, ni un solomillo; si el marisco le provoca
alergia a su cuenta corriente; si le tirita la billetera en el híper
y le dan ganas de alzar los brazos ante la caja; si le corta el
resuello la subida de la leche, del pan, de los huevos, de la ternera,
del aceite, de los pescados y de la fruta, el Gobierno le ofrece
una solución «sana, ligera, apetecible y barata»:
esta Navidad, cómase un conejo.
-Estos socialistas son unos pervertidos.
Pervertidos o inadvertidos, lo han dicho con la mayor seriedad.
Se necesita un cuajo muy notable para que un alto funcionario de
Agricultura salga a dar una rueda de prensa, con la que está
cayendo, el día en que el Banco Central Europeo da la voz
de alarma sobre los precios, y recomiende con toda formalidad, sin
el más mínimo pestañeo y sin cortarse un pelo
ante la previsible guasa, que para que no cunda el pánico
lo mejor es que los españoles coman conejo por Pascuas.
-Vaya manera de santificar las fiestas...
Sí, sí, mucho cachondeo, pero eso es lo que hay. Ésta
es la receta antiinflacionista de Zapatero. Para eso tiene 636 asesores,
más los economistas de Solbes, más los técnicos
del MAPA, que no es un término de cartografía, sino
las siglas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Todos esos cerebros, esos cráneos privilegiados, esa materia
gris desparramada por el organigrama del Estado, no tienen mejor
solución para la crisis de la cesta de la compra que aconsejar
una imaginativa dieta navideña «de sustitución».
Parece de broma. Debería serlo. Pero es real: contra la inflación,
el Gobierno de España sugiere el fomento de la cunicultura.
-¿Cuniqué?
-Eso. Cunicultura.
-Oiga, déjese de cochinadas. ¿No nos querrán
dar gato por liebre?
Desde luego, lo parece. Una salida de este tipo es propia de cómico
verderón de revista rancia, de tipo graciosillo de boina
y bigote entre vedettes emplumadas con celulitis. Pero corresponde
a un secretario general del Ministerio responsable del sector alimentario,
y tiene agravante de premeditación, convocatoria previa,
folletos y cartelería al uso, con perfecto conocimiento de
la circunstancia y oportunidad del caso, aunque quizá no
de la polisemia de la frase. Y en una coyuntura especialmente delicada,
cuando todo el país se escandaliza ante la crecida sideral
de los precios, cuando el alza del IPC dispara el gasto extra de
las pensiones compensatorias, cuando la preocupación económica
se cuela en el salón de estar de las familias medias españolas.
-Oiga, señor presidente, tengo una pregunta para usted. Resulta
que no me llega el sueldo, que me asfixia la hipoteca, que tengo
que comprar los Reyes de los niños, que la gasolina está
por las nubes, que el banco me devuelve los recibos de la luz, que
no me queda ni para la jugar a la lotería que no me va a
tocar... ¿me puede decir qué pongo en la mesa de Nochebuena?
-Pues cómase usted un conejo. Sano, apetecible y barato.
-Se hará lo que se pueda, señor presidente, se hará
lo que se pueda...
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