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Es la mejor columna de la semana porque... |
| Resume como nadie el
hastío de la vida política en este
país. |
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A nadie, a nadie parece importarle nada, ni a los que se apresuran
a echarse a la calle o a sus foros pidiendo que se entregue la cabeza
del culpable ni a los que proclaman que se cierren filas en torno
al presidente. Como si el pueblo soberano tuviera que colocarse
desde el segundo siguiente al estallido de la bomba a uno o a otro
lado de la calle, sin mezclarse ni mancharse con los de enfrente.
A nadie le importa que el ruido de la discordia se haga insoportable,
menos a los políticos que han alentado esta España,
que no sabe uno en qué momento comenzó a ser como
está, este país del que te desenganchas un tiempo
para encontrártelo más enfurecido al cabo de los meses.
A nadie, ni a los creadores de opinión, que se olvidaron
ya hace tiempo del respeto al adversario y andan trabajando día
a día y tertulia a tertulia por construir el andamiaje de
la hasta hace poco dormida o tal vez latente penosa realidad de
las dos Españas. A nadie parece importarle que el ciudadano
sensato se quede sin representación, dejado de lado, desalentado,
sin alguien que dé forma verbal a su desconcierto, porque
de lo que aquí se trata es de alentar el juicio inmediato,
el apoyo a los míos y el desprecio al resto. A nadie parece
remorderle la conciencia, nadie parece tenerla, para entender que
la furia del votante hooligan sólo dará rendimiento
a corto plazo. Y son esos hooligans que parecen dispuestos a morder
los que usted y yo vemos, leemos y escuchamos a diario, con un ligero
escalofrío, son esos hooligans cuyas opiniones son refrendadas
por la parte rabiosa del pueblo. Nadie, nadie parece alertarse porque
el monstruo de la beligerancia engorde. Pero quien tiene un trabajo
público (el que sea, escritor, actor, opinador o político)
debería aprender rápido que el admirador más
peligroso es el hooligan, el groupie, el que te impide desarrollar
un mínimo de autocrítica y flexibilidad, el que, ya
lo veremos, alejará al votante mesurado de todo aquello que
huela a partido político. Ese votante se ha quedado asustado
de la asquerosa rapidez con que los exabruptos han borrado el duelo
de dos familias que todavía andan llorando entre ruinas.
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