 |
Es la mejor columna de la semana porque... |
| Hay literatura en la
política. Bien. |
Opina en el foro |
|
|
César González Ruano, con su bigote y sus dedos amarillos,
escribía con pluma y tintero en el café Colón
de Cuenca, y sólo dos cosas le interrumpían: las moscas
que iban de su nariz a su pluma y el cubilete que sacudíamos
en las mesas cercanas. El cubilete fascinaba a Ruano y magnetizaba
a los que lo meneábamos. Mirábamos los dados brincando
en la mesa de mármol, como si del fondo del cuero sucio pudiera
surgir un portento. Es que del cubilete, como del mazo de la baraja,
como de las urnas, puede salir cualquier prodigio. Una vez, en un
garito salió un cocodrilo, aunque del tamaño de un
renacuajo.
Digan lo que digan las encuestas y la propaganda, el desenlace
de los comicios es la sacudida del cubilete. Al final, lo que sale
es lo que colocaron millones de ciudadanos en un voto universal,
vengativo, secreto, ideológico, enigmático, furtivo,
frío. En Atenas evitaban tantos discursos; para elegir el
Gobierno de la ciudad, votaban a mano alzada y restringían
el tiempo de los oradores con el reloj de agua -Clepsidra-, un antecedente
de 59 segundos. Aquí hay que contar los votos uno a uno y
confirmar, o no, ese embuste hispánico que dice que en las
municipales se vota por la cercanía, la gestión, las
obras.
Puta mentira. En España casi nunca se vota por alguien,
sino contra alguien, y en este momento la tolerancia a las opiniones
y propuestas ajenas atraviesa un momento crítico. Conozco
ciudadanos que han votado al mismo partido desde que hay elecciones
libres, y, antes que votar al adversario político, se cortarían
la mano. Ya puede un alcalde de izquierdas haber hecho los jardines
de Babilonia, jamás le votarán los de derechas; e
igual en el caso opuesto. Hay gentes menos sectarias, menos ofuscadas,
pero los partidos han hecho muy bien en no hablar tanto de los baches
municipales como de los socavones nacionales -terrorismo y corrupción-,
porque sospechan que, al final, lo que cuenta es el voto popular,
y menos perder o ganar algún baranda.
Del cubilete del 27-M saldrá la victoria del PP o del PSOE
en el voto individual; es imposible ese empate nacional que anuncian
las encuestas. Vivimos en una extraña quietud, el mapa político
está petrificado. Hay apenas incertidumbre en Navarra, donde
Uxue Barkos y los suyos pueden romper la actual mayoría,
aprovechándose de que a los candidatos de derechas y a los
del PSOE los han elegido los enemigos. Puede ganar en Marbella Angeles
Muñoz, porque no se han encontrado sus huellas en la guirigaña.
Un partido arrebatará el municipio a otro en alguna que otra
provincia, pero, en general, se detecta inmovilismo político.
En las comunidades siempre gana ese fresco, ese truchimán
que pasó de la mocedad al sillón y pasará del
sillón a la tumba.
En medio del matonismo de baja calidad proetarra y los juegos florales
de insultos, el cubilete nos dirá cuál de los partidos
sale en la pole position de las generales.
|