
...encuentra
belleza en el "código secreto del vocabulario". |
El vocabulario encierra un código secreto en el que caben
todas las probabilidades del misterio. Por eso no hay que extrañarse
de que un poema pueda escribirse con las mismas palabras que un
informe del Fondo Monetario Internacional. También las paredes
de los faros están levantadas con piedras de la misma cantera
que las cárceles y nadie se sorprende por ello.
Hay vocablos duros con aristas de mármol que sólo
sirven para cuadrar un balance, pero hay otros tan cálidos
que una desearía quedarse a vivir en ellos para siempre,
como acurrucar, que suena a ovillo de lana y a mañana de
domingo con desayuno en la cama. La vida se salva gracias a esas
palabras pronunciadas cuando una va descalza por el pasillo con
una bandeja, porque es ese vocabulario personal el que nos permite
habitar el mundo a nuestra manera. Julio Cortázar llamaba
glíglico a un idioma inventado que le servía para
conversar con la Maga mientras caminaban por aquel París
de Rayuela de cielo gris y puentes de plata. En Léxico familiar
la escritora Natalia Ginzburg cuenta la historia de la Italia antifascista,
en un lenguaje de andar por casa, cosido de bromas y voces que hilan
el diario íntimo de una familia y que sólo puede ser
entendido con toda su ironía en ese ámbito donde las
palabras se ajustan al cuerpo como unos viejos vaqueros moldeados
por muchos lavados. En mi casa, por ejemplo, cada vez que alguien
va a meter la pata, se dice: cuidado con el manubrio, desde que
un crítico literario me condenó al infierno por emplear
mal ese término gallego en una novela. A Josep Pla le gustaba
la palabra cafarnaún, que aunque no viene en el diccionario,
encierra una sorna de mucho calado y puede servir tanto para describir
el caos que vivió Barcelona con las tinieblas de Endesa como
para contar el último capítulo de sus averías
ferroviarias o el incendio del Vall d'Hebron. Hay gente que empieza
a hablar de sabotaje, pero son personas que han visto demasiado
cine negro.
El léxico tiene más que ver con las novelas de espías.
Es una clave secreta, como el lenguaje de los faros, lleno de destellos
con los que a veces intentamos explicarnos la vida, buena parte
de la cual es, en verdad, inexplicable.
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