
...no
cae en el victimismo que podría esperarse de un diario
como ABC y le da la vuelta a los tradicionales argumentos
de la derecha. |
Aceptemos que el último vídeo de las Juventudes Socialistas
es burdo y cutrón; aceptemos que se trata de un subproducto
propagandístico de una ramplonería acongojante. Pero
el asunto de este artículo trata de ser otro. Tradicionalmente,
el humor ha sido una flor de la inteligencia que se cultivaba en
huertos conservadores: los grandes humoristas que en el mundo han
sido nunca han estado adscritos a ideologías izquierdistas.
Sin embargo, en los últimos años, y en España,
el humor ha cambiado de bando: no me refiero tan sólo al
humor chocarrero o complaciente que pueda encarnar el tan divulgado
vídeo de las Juventudes Socialistas; también el humor
más incisivo y cáustico se cultiva en invernaderos
progres. Basta echar un vistazo a la programación televisiva:
los teleñecos de la Cuatro o los monólogos de Buenafuente
son exponentes de ingenio; pero sus premisas ideológicas
son inequívocamente izquierdistas. Reparemos, por el contrario,
en la programación de un canal televisivo como Telemadrid,
en donde se supone que prevalece una mirada sobre la realidad menos
contemporizadora con los postulados de la izquierda: el humor brilla
por su ausencia.
La derecha española ha extraviado el sentido del humor. Cuando
sus detractores caracterizan a los políticos del PP como
personas agrias, antipáticas o funestas están consagrando
un cliché; pero también están constatando una
realidad incontestable: la derecha española carece de la
munición intelectual y estética propia del ironista,
imprescindible para entablar diálogo con nuestra época.
Que una asignatura como Educación para la Ciudadanía,
fétido repertorio de lugares comunes progres, no haya estimulado
parodias rezumantes de sarcasmo demuestra que los humoristas de
derechas han dejado de existir. Que el empeño de Zapatero
en sacar en procesión a su abuelito, o sus descalabros en
la escena internacional, o sus delicuescencias pacifistas no hayan
inspirado sátiras hilarantes certifica que la derecha española
carece de vis cómica. Pero esta carencia delata algo mucho
más terrible y angustioso. En su dietario En la belleza ajena,
el escritor polaco Adam Zagajewski escribe: «Al cabo de cierto
tiempo fui consciente de haber nacido en un siglo que -no se sabe
por qué- dotó de gran talento a los ironistas y, en
cambio, trató de modo bastante severo a los moralistas, dándoles
por lo general unas aptitudes mediocres y no dotándolos en
absoluto de sentido estético». Y aquí llegamos
al quid de la cuestión: la derecha española ha descuidado
las tendencias estéticas de nuestra época; y, cuando
esto ocurre, es natural que pierda la batalla ante la izquierda,
que sí ha conectado con el espíritu de los tiempos
que corren. Esta falta de talento para la ironía de la derecha
española denota, a la postre, falta de creatividad. El humorista
se toma la realidad más en serio que nadie, pero su modo
de abordarla es creativo. En cambio, quien renuncia al humor acaba
abordando la realidad de modo doctrinario, y su discurso -al carecer
de recursos irónicos- se agosta, acaba convirtiéndose
en una plasta de gravedad insoportable, una murga que provoca hastío,
somnolencia y desaliento.
La derecha española no es creativa; ha renunciado a ofrecer
una alternativa estéticamente atractiva que deje al desnudo
la roña progre. Y esta falta de creatividad se traduce en
una actitud siempre defensiva, mohína, casi acorralada. La
derecha española acepta resignadamente la hegemonía
de la visión del mundo postulada por la izquierda; sus únicos
modos de combatirla resultan o bien enfurruñados (de ahí
la impresión grimosa de cabreo que destila) o bien acomplejaditos
(de ahí la impresión no menos grimosa de tibieza y
pusilanimidad). La derecha española carece de dotes para
provocar, mediante la levadura del humor, resquebrajaduras y contradicciones
en esa visión del mundo propia de la izquierda; carece de
respuestas irónicas que descompongan la hegemonía
progre. En lugar de hacerse la ofendida con vídeos tan rudimentarios
como el de las Juventudes Socialistas, la derecha española
debería responder con vídeos más ocurrentes
que parodiasen al adversario; pero para ello se requiere el talento
creativo del ironista. Sin él, será imposible que
se sacuda el sambenito del cocodrilo en el pecho.
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