15 de octubre de 2007
Después del punto
Por ANDRÉS NEUMAN
Territorios, El Correo, 10 de octubre de 2007


...refleja el instante del punto final, de la pérdida del trabajo realizado durante años.

Acabo de terminar una larga novela y, al contrario de lo que dicen que suele ocurrir, me doy cuenta de que la primera mitad fue escrita a gran velocidad y la segunda, con extrema lentitud. Cuanto más cerca divisaba el final, más se frenaba la mano, menos ansiedad tenía. Los últimos capítulos los escribí particularmente despacio, casi con temor. No era para menos, esta novela ha tardado cinco años, ¿qué hace uno después de vivir media década dentro de una historia?, ¿adónde va? ¿en qué piensa? Y, sobre todo, ¿ahora uno qué hace con los personajes, con esas criaturas inventadas que, a fuerza de imaginarlas, tratarlas y escucharlas hablar, uno termina conociendo mejor que así mismo? ¿Cómo es posible que, de la noche a la mañana, uno deje de convivir con sus nombres, sus movimientos? La intimidad con los personajes de una novela llega a ser tan obsesiva que, al concluir su historia, el autor siente el vértigo de las despedidas definitivas.

Acabo de poner el punto final, le he dado a guardar seis veces seguidas, he hecho más copias de seguridad de las razonables, he impreso el último capítulo y, tras agotar todas estas actividades mecánicas que eran pretextos para no pensar, me he quedado perplejo. Contemplo con incredulidad el desorden del escritorio, las libretas dobladas, los apuntes tachados, los subrayados con rotulador, las láminas repletas de perforaciones en las esquinas. Y tengo la impresión de estar viendo una ciudad recién desalojada. Hay señales, huellas, indicios de una multitud. Todavía se huelen los retazos de un historia, se oye el eco de unas frases, se palpan las manchas de unos cuerpos, pero ya no queda nadie. ¿A qué frontera irán a parar los personajes cuando su escritura los deja? ¿O es quizás al revés: n9o es el autor quien queda en el limbo, flotando sin argumento? Me alejo dos pasos del escritorio como intentando enfocar el final, asumir que eso es todo. Entonces me siento a la vez aliviado y triste, eufórico por la tarea cumplida y amenazado por el vacío que se avecina. Dijo Cortázar que la escritura de todo texto proviene de la insatisfacción que nos ha dejado el anterior. Es posible. Y quizá todo personajes nazca del a soledad en la que quedamos esos seres pretendidamente reales que somos nosotros, carnales y desorientados, cuando los personajes anteriores se han ido.