
...refleja
el instante del punto final, de la pérdida del trabajo
realizado durante años. |
Acabo de terminar una larga novela y, al contrario de lo que dicen
que suele ocurrir, me doy cuenta de que la primera mitad fue escrita
a gran velocidad y la segunda, con extrema lentitud. Cuanto más
cerca divisaba el final, más se frenaba la mano, menos ansiedad
tenía. Los últimos capítulos los escribí
particularmente despacio, casi con temor. No era para menos, esta
novela ha tardado cinco años, ¿qué hace uno
después de vivir media década dentro de una historia?,
¿adónde va? ¿en qué piensa? Y, sobre
todo, ¿ahora uno qué hace con los personajes, con
esas criaturas inventadas que, a fuerza de imaginarlas, tratarlas
y escucharlas hablar, uno termina conociendo mejor que así
mismo? ¿Cómo es posible que, de la noche a la mañana,
uno deje de convivir con sus nombres, sus movimientos? La intimidad
con los personajes de una novela llega a ser tan obsesiva que, al
concluir su historia, el autor siente el vértigo de las despedidas
definitivas.
Acabo de poner el punto final, le he dado a guardar seis veces seguidas,
he hecho más copias de seguridad de las razonables, he impreso
el último capítulo y, tras agotar todas estas actividades
mecánicas que eran pretextos para no pensar, me he quedado
perplejo. Contemplo con incredulidad el desorden del escritorio,
las libretas dobladas, los apuntes tachados, los subrayados con
rotulador, las láminas repletas de perforaciones en las esquinas.
Y tengo la impresión de estar viendo una ciudad recién
desalojada. Hay señales, huellas, indicios de una multitud.
Todavía se huelen los retazos de un historia, se oye el eco
de unas frases, se palpan las manchas de unos cuerpos, pero ya no
queda nadie. ¿A qué frontera irán a parar los
personajes cuando su escritura los deja? ¿O es quizás
al revés: n9o es el autor quien queda en el limbo, flotando
sin argumento? Me alejo dos pasos del escritorio como intentando
enfocar el final, asumir que eso es todo. Entonces me siento a la
vez aliviado y triste, eufórico por la tarea cumplida y amenazado
por el vacío que se avecina. Dijo Cortázar que la
escritura de todo texto proviene de la insatisfacción que
nos ha dejado el anterior. Es posible. Y quizá todo personajes
nazca del a soledad en la que quedamos esos seres pretendidamente
reales que somos nosotros, carnales y desorientados, cuando los
personajes anteriores se han ido.
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