
...ofrece
una lúcida visión sobre Internet en España. |
Cíclicamente, las estadísticas clavan cifras de fuego
en el orgullo español y le muestran cuál es su exacto
lugar en el mundo. La octava potencia industrial... ¡Y quinta
de Alemania! Las cifras tienen siempre que ver con la circunstancia
internáutica. El último informe analiza la penetración,
la rapidez y el precio de la banda ancha. Respecto a la penetración,
España ocupa el lugar número 19 entre los 30 países
de la OCDE; respecto a la rapidez, el 16; y respecto al precio,
¡el 26! Poca, lenta y cara, quién da más.
Obviamente el problema no es la distancia con Japón (que
tiene una oferta de velocidad máxima de 96 megas frente a
las 6,9 de España. El problema es que Portugal doble esa
velocidad y la de Francia sea siete veces mayor. O que la cuota
mensual media de banda ancha sea en España de 67,7 dólares,
en EEUU de 53, en Italia de 41 y en Alemania de 32. Es un placer
inmenso escribir artículos sin opinión. Voy a seguir.
Un muy reciente estudio de la Asociación de Internautas demuestra
que la diferencia con la media europea en la implantación
de la banda ancha era en el año 2004 de 1,39 puntos. Y que
tres años después ¡es del 1,4! Por cierto: no
quiero dejar pasar la oportunidad de señalar que los dos
ministros responsables de esas cifras son catalanes, vanguardia
civilizatoria. Uno, además, don José Montilla, se
hizo famoso (bien es verdad que antes del desastre infraestructural
catalán) por su eslogan electoral: «Fets, no paraules».
Volvamos a las palabras, que al menos sirven para jugar con ellas.
Por último: hay cuatro índices fiables para medir
el grado de implantación de la Sociedad de Información
en el mundo. La octava potencia ocupa el puesto 36 en el que peor
la trata. Y el 21, en el que mejor.
Internet es un tema popular. Todos los medios lo demuestran cada
día. Internet es una continua noticia en sí misma.
Pero hay algo muy engañoso en todo ello, al menos en España.
La red se observa, y quizá ya sea con simpatía, acallado
el trompeto apocalíptico (¡la perdición de los
niños, el desguace de los adultos!) con que fue recibida.
Pero su uso es mucho más limitado de lo que sugiere la espuma
mediática. Lo prueban esas estadísticas y otras tantas
referidas al comercio digital, al número de horas y a los
hábitos de navegación, o a la reacción defensiva
de algunas empresas (editoriales, por ejemplo) que deberían
ser especialmente sensibles a la oportunidad digital. Sólo
nos queda implorar que España encuentre, al menos, su modelo
sun/sea/sex, que al menos ha permitido comer y vestirse a algunas
generaciones analógicas. Pero ni siquiera ese camino de servidumbre
parece fácil de encontrar en un mundo donde el sol y las
nubes, el calor y el frío y el día y la noche son
categorías muy relativas.
La España analógica. Una mosca aplastada contra el
vidrio.
(Coda:«En resumen, la Teoría de la Información
abarca la vida, el Universo y todo». Robert Matthews, 25 grandes
ideas.)
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