Escribo de pie, sobre una mesa de dibujo, de esas grandes y de inclinación regulable. La mía es más alta en el lado contrario al que me pongo. Sobre la misma hay un mapamundi. Generalmente a mano, con pluma de caligrafía que suelo limpiar y limpiar. En cuadernos gordos, siempre sin rayado, ni cuadriculado, un horror porque resultan raros en nuestras papelerías. Si tengo despacho.
Prefiero escribir por la mañana. Y no arranco hasta que no tengo un buen título y me gusta mucho la primera frase. Luego es un milagro lo que pasa.