Procurando dos cosas: no repetir temática
y no repetir tono. A una columna de análisis político
nacional puede seguirle otra de asuntos municipales, o
costumbrista o de asuntos internacionales o que trate
de un suceso: nunca otra que vuelva sobre lo mismo. Las
pocas veces que he roto esa norma me he
arrepentido. Y es esencial que a un tono frío y
analítico le siga otro lo más leve y alado
posible; que a una columna alhumorada le siga otra graciosa,
si uno es capaz de conseguirlo. Por lo demás, el
verdadero problema no es de estilo, sino de distancia:
hay que
conseguir acertar todos los días con el lenguaje
que espera el lector. No es suyo, sino el que él
espera de ti. Si es que el lector –mon semblable,
mon frère...- existe. Que existe: ¡pero es
tan difícil estar a su altura!