La hora es la hora límite siempre. En casa escribo en el mismo
sitio (en medio del desorden más absoluto), pero también lo hago en una redacción,
en los aeropuertos, en los hoteles, en los aviones o en los coches (en ambos hasta
que se me acaba la batería). Eso sí, nunca he escrito en una servilleta. A lo
mejor mi manía es no escribir nunca en una servilleta. Claro que tomo notas para
el Cuaderno de una mirona. Veo la tele tomando apuntes en plan taquígrafa de las
Cortes, pero menos modosita, más bien desparramada en el sofá.