-¿Qué es una columna?
Una columna puede ser muchas cosas, dependiendo
de quién la haga. En principio, por ocupar
un espacio distinto del de la información
general, se supone que ha de dedicarse a cuestiones
más específicas: análisis,
comentario, interpretación de las noticias,
etc. En mi caso, “columna” es sinónimo
de artículo literario…; entendiendo
por literario, no el mero lucimiento de estilo,
sino la presencia en el artículo de un
elemento de expresividad personal y subjetiva
que aspira a ganarse la simpatía y la complicidad
de los lectores, no a través de la persuasión
(porque entonces sería un sermón,
o una arenga), sino a través de un tono
y un punto de vista que “refresquen”
el asunto comentado y abran nuevas perspectivas
de interpretación… No sé si
todo esto es demasiado pretencioso. También
me gusta pensar que la columna “de opinión”,
tal como yo la entiendo, responde a un planteamiento
parecido al del relato breve escrito en primera
persona: el narrador es también un personaje
inventado, porque, naturalmente, en la vida real
uno dista mucho de tener la seguridad, el aplomo
o incluso la desfachatez que muestra en sus artículos
sobre esto y aquello.
- Publiqué mi primera columna...
Publiqué mi primera columna —entendiendo
como tal una colaboración en prensa acogida
a un espacio más o menos fijo y reconocible,
y sujeta a periodicidad en sus apariciones—
en el suplemento “Citas” de Diario
de Jerez, a mediados de los ochenta, por invitación
de quienes lo dirigían: los escritores
José Mateos y Juan Bonilla. El título
genérico de la serie era “La noche
de la iguana”, por mor de mis querencias
cinéfilas. No recuerdo exactamente de qué
trataba la primera entrega, y no creo que merezca
la pena indagarlo. Sí recuerdo que la serie
contaba con un personaje de ficción, un
tal “Mendoza”, algo mayor que yo,
al que utilizaba para ironizar sobre asuntos de
actualidad literaria y cultural desde el punto
de vista de un hijo del 68. “Columna de
humo”, la columna que escribo actualmente
para Diario de Cádiz y otros periódicos
del grupo Joly, se inauguró en diciembre
de 2000 con un artículo sobre las estadísticas
de muertes en accidentes de tráfico, que
en realidad trataba sobre la muerte a secas y
sobre el azar que la rige. La verdad es que pronto
procuré derivar hacia asuntos más
divertidos.
- Para inspirarme...
Creo que el verdadero reto del columnista empieza
cuando ha agotado todos los temas y se ve abocado
a escribir “sobre casi nada”, como
reza un título de Julio Camba; a veces
afloran cosas sorprendentes cuando uno escribe
sobre casi nada. En cuanto al estilo… Divagatorio
y preciso: que el lector se deje llevar y, a la
vez, se sienta seguro por la mano que lo lleva.
- Alguna columna que me haya traído
problemas
Más de una, aunque la sangre nunca llegó
al río. Una, sobre cierto trágico
suceso acaecido en un pueblo de mi provincia en
un ámbito laboral hacia el que tengo especial
sensibilidad, me costó que en ese pueblo
suspendieran una lectura poética mía
previamente programada… Naturalmente, no
podría demostrar la conexión causa-efecto
entre los dos hechos, pero la secuencia fue lo
bastante elocuente. En otra ocasión, un
artículo en el que me declaraba, irónicamente,
“afrancesado” provocó que un
indignado lector indagara mi dirección
particular y me hiciera llegar una encendida carta
en la que reivindicaba el heroísmo de su
pueblo en la lucha contra el francés en
1808… Naturalmente, con la llegada de los
“blogs” y la posibilidad de alojar
en ellos de manera permanente los artículos
previamente publicados en periódicos, la
capacidad de atraer sobre ellos la polémica
ha crecido exponencialmente. Una muestra de ello
puede verse en mi “blog”, en la primavera
del año pasado: un artículo mío
sobre educación provocó la ira de
algunos lectores, que se despacharon a gusto contra
este humilde columnista. Claro que, a este respecto,
podría poner muchos más ejemplos
de lo contrario: de artículos que han encontrado
eco positivo en lectores y en lugares a los que
no soñaba llegar.
- ¿A mano o a máquina?
A ordenador, por supuesto. En cuanto al impacto
de internet, me atengo a lo dicho en la respuesta
anterior: el eco efímero de un artículo
publicado en papel, que sólo circula un
día, se multiplica, como se multiplican
las posibilidades de conocer las opiniones de
los lectores.
- ¿Censura o autocensura?
Un columnista literario es un invitado y, como
tal, está expuesto a que, en un momento
dado, el anfitrión se canse de su presencia
por el motivo que sea y le indique la puerta.
Sé que eso es así y no le doy más
vueltas. En cuanto a si hay asuntos sobre los
que prefiero no escribir… pues sí:
trato de evitar los asuntos proclives al sermoneo
o el proselitismo, aunque no siempre lo consigo.
- El mejor columnista de España
es o ha sido...
Julio Camba.
- ¿Todas las opiniones son respetables?
No. Lo que obliga a ser muy discreto con la manera
de manejar las que no lo son, para no proporcionarles
el prestigio añadido de haber sido perseguidas
o reprimidas arbitrariamente.
- Nunca sería columnista de...
Hombre, de cualquier medio que fuera vocero de
organizaciones u opiniones totalitarias. Aunque
a veces ha de lidiar uno, en el columnismo y en
la vida diaria, con un totalitarismo más
difuso, diluido en la sociedad, y que puede llegar
a ser tan pernicioso como el declarado.
- La libertad de expresión tiene
como límite...
En mis artículos procuro no hacer afirmaciones
gratuitas que puedan afectar a terceros. Porque,
al fin y al cabo, mi opinión no tiene valor
jurisdiccional. No sé si la prensa será
o no el “cuarto poder”, pero lo que
tengo claro es que un columnista no debe abusar
del poder relativo que le proporciona disponer
de una plataforma pública de expresión.
Si a uno le timan en un bar, por ejemplo, no me
parece elegante vengarse exponiendo el caso, con
el nombre del bar en cuestión, en una columna.
Claro que de esa tentación no se libran
muchos columnistas avezados: el que firma la última
página de El País Semanal, por ejemplo.
- ¿Cómo escribe sus columnas?
Las he escrito en todas partes y a cualquier hora.
Aunque lo que me gusta es hacerlo los viernes
por la tarde (salen los martes) y en mi casa.
|