Como escribo a diario, prefiero que la escritura se adapte a mi
vida, y no al revés. Quiere esto decir que soy capaz de escribir en todo tipo
de condiciones. He llegado a hacerlo mientras esperaba turno para ducharme, o
en un coche mientras viajaba, o en la servilleta de un restaurante, o directamente
dictando por teléfono mientras improvisaba. Cuando se ha sido reportero, el texto
sale siempre, sean cuales sean las condiciones, y sin concederse caprichitos literarios
como las manías.