-¿Qué es una columna?
Una ventana privilegiada para dar en
la diana de la realidad y ayudar a que otros ojos
hagan foco. Generalmente descargan el editorial,
añaden puntos de vista, generan pluralidad…
en otras ocasiones, simplemente, decoran o dan
“glamour”. Las leo porque a veces
se me pierde la mirada. Las escribo porque es
la mejor manera de encontrarla.
- Publiqué mi primera columna...
En El País. Creo que era en 1987.
Sé que hacía poco que había
dejado la facultad. Hablaba de los hombres que
vivieron el mayo francés. Héroes
en calles que yo no había conocido y antihéroes
en la cama…La primera vez no me lo propusieron,
fui yo la que me dirigí al jefe de opinión,
con la frescura y la ingenuidad de los recién
llegados. Recuerdo perfectamente que le dije:
“Hola, acabo de llegar al periódico
y tengo una idea que contar. Léela, si
te parece bien la publicas, si no, no pasa nada”.
La publicaron varias semanas después. Los
demás le dieron más importancia
que yo. Entonces dejé de escribirlas porque
creía que el mundo estaba para vivirlo
y yo era muy joven. Me daba pudor. Ahora sigo
opinando y sintiendo lo mismo, pero si me animo
a escribirlas es porque creo que hace falta “tener
una mirada de género” ante lo que
pasa en el mundo. No es fácil hacerlo desde
el lado de los humildes, desde la periferia del
mundo. Y si el movimiento se demuestra andando,
la mirada, en el caso de una escritora, se demuestra
escribiendo.
- Para inspirarme...
Miro y dejo que me pase el tiempo. Elijo los temas
como se pesca: Pongo el ojo y dejo que la realidad
pique. La sequía se supera teniendo hambre…
y espigando.
- Alguna columna que me haya traído
problemas
Todas, cuando empiezo a escribirlas.
- ¿A mano o a máquina?
A mano, en servilletas y ribetes de periódicos.
Luego al ordenador. Más tarde al congelador.
Luego a la trituradora… y cuando siento
que ya son líquidas, las dejo al sol…
a ver si se evaporan. Internet es un océano
y los textos/información/imágenes
mensajes en una botella. Internet demuestra que
somos más náufragos de lo que creíamos.
- ¿Censura o autocensura?
Los supervivientes de una dictadura ya deberíamos
saber torear con las censuras. Los poetas son
los primeros en ser perseguidos por el poder…
La autocensura es la más peligrosa, pues
encubres al censor. ¿Hay asuntos de los
que prefiero no escribir? De los que no sé.
La censura económica y la política
suelen ir de la mano. Son dos caras del mismo
poliedro.
- El mejor columnista de España
es o ha sido...
Me gusta el Umbral de los setenta (“Iba
yo a comprar el pan”); la anarquía
de Eduardo Haro Tecglen (hasta la última
de las líneas que escribió); los
textos que cazaba de Ramón Buenaventura
(hace años que no le leo); el verbo exquisito
de Joaquín Vidal (ya sé que hizo
crónicas taurinas, pero es que, a pesar
de rechazar los toros conseguía que me
bebiera sus textos)… y ahora, el sutil sentido
del humor y la estructura narrativa de Juanjo
Millas. Aunque puestos a elegir humor, no hay
día que no me arranque una sonrisa El Roto,
cuyas columnas gráficas me parecen una
demostración de inteligencia y compromiso.
- ¿Todas las opiniones son respetables?
No creo en la objetividad, no creo en la ecuanimidad.
No creo que todos seamos iguales, aunque deseemos
ejercer nuestros derechos en igualdad. Por eso,
no todas las ideas sean respetables. Creo en el
ejercicio de las libertades y los derechos, pero
no es cierto que todos podamos hacer uso de ellos
en igualdad. Por ejemplo, no me parecen respetables
las ideas que defienda un dictador, aunque sus
argumentos brillen por su inteligencia y sus modales
sean respetuosos. Otra cosa es que llegue a agredir
a quien piense de forma contraria a mis principios,
o les persiga, o les demonice. Pero indignarme,
exclamar en alto que es injusto, pelear…
lo hago y lo haré hasta el final…
Ser políticamente incorrecta no sólo
no me parece malo sino, en ocasiones, necesario.
- Nunca sería columnista de...
De cualquier medio que me “huela”
mal.
- La libertad de expresión tiene
como límite...
su opuesto.
- ¿Cómo escribe sus columnas?
Tengo un portátil, de modo que lo hago
en cualquier lugar y a cualquier hora, y no sé
por qué pero casi siempre lo paga mi columna
(vertebral).
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