La silla tiene el respaldo adaptable, el teclado del ordenador
un cojincillo para no fastidiarme las muñecas, la mesa es grande (tengo tres más),
la habitación es mi estudio y está lleno de archivos y discos.
Suelo escribir
la columna después de escuchar la radio desde muy temprano, leer los periódicos
internacionales por internet, y los de aquí en papel.
A veces la idea
me ronda desde la víspera, a veces no hay ideas, sino el germen de una emoción;
en general, escribo por la mañana. Es cuando estoy más fresca.