Entre llamadas de teléfono, rodeado de mil papeles, maldiciendo el tiempo que pierdo siguiendo historias que no me interesan en absoluto. En el ABC no me pagan para que me instale en el Hotel de París de Montecarlo, o en el Ritz parisino, como sería mi deseo. El mercenario no siempre consigue que le paguen el precio justo que es el suyo y merecen algunas de sus piezas. Dicho esto, acordaros de Groucho: “Nunca formaría parte de un club en el que me aceptasen como miembro”.