Sentada sobre mi pierna derecha, o sea, haciéndome papilla la otra
columna: la vertebral. Es una manía que -supongo- me acompañará mientras viva.
No soy diciplinada en cuanto a horarios, pero cada vez escribo menos de noche
y más de día. Tres cosas que me acompañan: una lata de coca cola ligth, un cenicero
rebosante de colillas y un diccionario de sinónimos. Y el teléfono, el dichoso
teléfono. No pongo la radio ni cedés. Con la música del aspirador o la lavadora
ya es suficiente.