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-¿Qué es una columna?
-Una columna es, o debería ser,
una especie de ventana de atrás a la actualidad.
Según el autor, la noticia o incluso el
día, puede servir para desvelar ángulos
ocultos, formalmente bellos o divertidos del tema
escogido. En cualquier caso, algo que dé
una vuelta a la primera impresión que transmite
un acontecimiento o la visión general que
existe sobre un asunto. Siempre es subjetiva,
claro, porque la posición desde la que
uno mira esa ventana de atrás es intransferible;
está sometida a la impenetrabilidad de
los cuerpos, al menos mientras uno no se convierta
en papagayo de las opiniones y hasta las expresiones
y chascarrillos de otros, como sucede a menudo.
A mí, personalmente, me parece más
interesante reflexionar sobre las cosas que contarlas,
así que por ley de probabilidades supongo
que habrá más gente que opine lo
mismo. Algún director de periódico
debió de pensar eso un día, le pareció
pobre limitarse al editorial y dio entrada en
sus páginas a un coro polifónico,
que si de verdad es polifónico resulta
mucho más colorístico, sugerente
y constructivo. Ahora ya es una convención,
y no es imaginable un periódico sin columnistas.
Hay lectores que buscan en sus columnistas afines
una mera ratificación de sus ideas y, de
paso, argumentos que llevarse esa tarde al bar;
yo he llegado a hablar con gente que me ha enumerado
como si fueran suyos los argumentos que ya había
leído por la mañana en la columna
de Losantos. Otros sentimos que la discusión
es un deporte fascinante y nos estimula más
encontrar ideas que no se nos habían ocurrido
o incluso que no compartimos. Si además,
como es mi caso, uno tiene la suerte de que le
dejen entrar en liza, pues se lanza a intentar
contradecir tópicos o prejuicios ampliamente
extendidos y, si se tercia, a dejar una comparación
o una frase que sorprenda un poco al lector.
- Publiqué mi primera columna...
-En El Mundo de Valladolid, en mayo de
2000. Como suele suceder en la vida, mi llegada
fue mucho menos épica de lo que uno quisiera
que se contara en su biografía; tuve la
suerte de ofrecerme cuando el periódico
planeaba desdoblarse en dos (la edición
nacional y un periódico independiente para
las noticias locales y regionales), por lo que
necesitaban columnistas. Me pidieron dos artículos
de prueba, les gustaron y hasta hoy. Mi primer
artículo vino a cuenta de que esa semana
se había anunciado la candidatura del santo
patrono de Valladolid, San Pedro Regalado, a patrono
de Internet. Hice un pequeño ejercicio
irónico bajo el título, tan manido
en los panegíricos, de “Un vallisoletano
universal”. No sé si a eso debería
contestar yo, pero, honestamente, creo que suelo
tener ideas novedosas, independientes, razonadas
y matizadas sobre la mayoría de los debates
de actualidad. Un compañero de periódico
me dijo un día que no soy nada previsible;
espero que lo dijera como un elogio y no como
un reproche de incoherencia…
- Para inspirarme...
-Para inspirarme la verdad es que no hago nada.
A veces me gusta cómo me sale el artículo
y otras veces soy consciente de que me he limitado
a cumplir el expediente. En efecto, depende mucho
de los temas. Al escribir en un periódico
regional, se supone que me tengo que restringir
a comentar cosas que hayan pasado en Castilla
y León, y eso reduce bastante las posibilidades.
Suelo escoger uno que me permita plantear temas
más generales o que tengan conexión
con la actualidad nacional (“ya sabes: Zapatero
criticó en Valladolid el Plan Ibarretxe”,
y allá voy yo a comentar el Plan Ibarretxe),
con mucha indulgencia y a veces algún cabreo
por parte de mis jefes. Desde hace dos años,
el blog en Periodista Digital me ha proporcionado
una válvula de escape para dar sar salida
a mi verborrea en los temas cruciales de la política
española. ¿Cómo se supera
la sequía? De ninguna manera. La sequía
(muy característica, por cierto, del clima
de la Meseta), no tiene solución, y la
fregona hay que pasarla todos los miércoles
aunque no llueva. Además, yo nunca he tenido
artículos en nevera; puedo tener alguna
idea pendiente en la cabeza, pero nada escrito
de antemano. Sí, a veces parece increíble
que al final siempre se te ocurra algo.
- Alguna columna que me haya traído
problemas
-La que más, en septiembre del año
pasado, cuando contesté a un artículo
publicado en El Mundo de Castilla y León
con otro titulado “Los agujeros negros de
la teoría de la conspiración”.
Criticaba el abuso que muchos opinadores hacen
de las investigaciones sobre el 11-M dando por
supuesto que todos los detalles que arrojan sombras
sobre la versión oficial evidencian la
existencia de una conspiración. Empleando
la misma lógica en sentido contrario, yo
decía: “si hubiera habido una conspiración,
esto, esto y esto no habría sucedido así”.
Hubo llamada de Madrid y mi director en Castilla
y León, Óscar Campillo, tuvo que
salir en mi defensa. Nunca me ha querido detallar
la conversación, pero sí me dijo
que los mayores problemas no los tuvo con Pedro
J. sino con algún mando intermedio. Otra
historia curiosa fue cuando, una noche de viernes
de enero de 2003, un joven borracho se nos acercó
a un amigo y a mí, nos pidió costo,
se puso a hablar con nosotros y, tras mostrarnos
su carné de guardia civil sin que nadie
lo pidiera, empezó a decir burradas y casi
nos pega. El miércoles, relaté los
hechos, con el nombre del tipo incluido, en una
columna aséptica titulada “Encuentro
en la tercera fase”, y esa tarde llamaron
a la redacción desde la Comandancia, preguntando
quién era yo y qué era eso que había
escrito, y pidiendo mi teléfono. Como en
el periódico no se lo dieron, dejaron un
número por si quería llamar yo.
Lo hice y me invitaron a ir al cuartel a aclarar
las cosas, así que allí me fui,
pensando: “vaya, a lo mejor acabo como Lasa
y Zabala”. Fue todo lo contrario; el subcomandante
me trató con mucha amabilidad y demostró
que el asunto le preocupaba honestamente. Llegó
a convencerme de que identificara al energúmeno
en una serie de fotos que no tenía disponible
en aquel momento, pero se debió de conformar
con el artículo “Al César
lo que es del César” en que narré
nuestra entrevista la semana siguiente, porque
ya no me volvió a llamar.
- ¿A mano o a máquina?
-A ordenador, todo y siempre. Mi caligrafía
es tan horrorosa que haría desagradable
la simple vista de cualquier texto. No sé
por qué los e-mails o los textos mecanografiados
van a ser fríos, mecánicos o impersonales
cuando leemos En busca del tiempo perdido en edición
impresa. Yo pienso que Internet es el mejor invento
de todos los tiempos, especialmente por la posibilidad
de acceder a cualquier información y cualquier
texto desde casa; la mayoría de los artículos
de otros columnistas los leo en Internet. En cuanto
a dar a conocer los míos, de momento no
he notado una gran repercusión, pero bueno,
por lo pronto, le debo a Internet esta entrevista.
- ¿Censura o autocensura?
Censura, he de decirlo claramente en honor de
mi periódico y mis superiores, no he sufrido
ninguna. Y eso que he escrito bastantes veces
en contra de la línea editorial, tanto
de Madrid como de la edición regional.
Me han rechazado dos artículos en siete
años, pero sería grandilocuente
atribuirlo a la “censura”. Uno lo
consideraron de mal gusto; era una carta ficticia
de un niño que había sido fotografiado
desnudo por su monitor de guardería, y
nueve años después, cuándo
él haría 11 y el monitor tendría
que salir de la cárcel, le disculpaba y
le comprendía. El otro lo escribí
a la caída de Bagdad en 2003; se titulaba
“Irak liberado” y el texto era todo
él una lista de números del uno
al ciento y pico, con el último interrumpido
sugiriendo que la enumeración seguía
y dos de ellos, en posiciones no especialmente
destacadas, sustituidos por los nombres de Julio
Anguita Parrado y José Couso. Es decir,
algo así como: “Vosotros decís
que ha caído el dictador, yo cuento los
muertos que ha costado”. Me dijeron que
ese artículo era una “jetada”
y tuve que escribir otro. Honestamente, creo que
no lo era, pero desde luego no puedo decir que
me lo rechazaran por censura. De modo que, quizás
porque lo que uno escriba en Castilla y León
no tiene demasiada importancia, no he percibido
censura económica ni política. En
cualquier caso, me da la sensación de que
el problema de la prensa madrileña o barcelonesa
hoy día no es la censura desde ninguno
de esos ámbitos, sino los contubernios
que cada periódico mantiene con determinados
representantes de uno y otro. Autocensura tampoco
hay ninguna. Asuntos de los que prefiero no escribir,
sí: todos aquéllos sobre los que
me faltan conocimientos técnicos, o no
tengo una opinión formada, o ésta
coincide en líneas generales con la versión
comúnmente aceptada. Dichos asuntos ya
constituyen una restricción considerable;
si les añades la escasez de temas interesantes
que ofrece Castilla y León, que la mayoría
de ellos ya los has tocado alguna vez y que uno
no es tan ingenioso ni tan inestable como para
poder decir algo nuevo a los pocos meses, el abanico
es tan exiguo que sólo me faltaba autocensurarme
yo por mi cuenta otros cuantos más. "Me
quedaría sin repertorio”
- El mejor columnista de España
es o ha sido...
Supongo que, si hay que destacar a uno solo por
encima de todos los demás, aquí
no se puede contradecir al tópico y el
único que tiene empaque para ocupar ese
puesto sería Francisco Umbral. Pero yo,
personalmente, me siento más identificado,
por ejemplo, con el rigor lógico y crítico
de Javier Ortiz y la profundidad de pensamiento
de Arcadi Espada.
- ¿Todas las opiniones son respetables?
No, de ninguna manera. Sólo lo son las
opiniones que se basan en premisas demostradas
y razonan sus argumentos. Es muy triste que hayamos
llegado a un punto en que se valora más
ser un demócrata que tener razón.
- Nunca sería columnista de...
-Bueno, no creo que yo esté en condiciones
de decir que no a ningún medio. Pero presiento
que, por ejemplo, de Libertad Digital me echarían
pronto.
- La libertad de expresión tiene
como límite...
-La mentira. Creo que hasta ahí vale todo.
Incluidos los insultos y descalificativos, que
son recursos retóricos como cualquier otro,
sólo ofenden a los niños y en el
fondo no significan nada. Yo no los emplearía,
porque suelen ser mala táctica, pero me
parece que quienes los reciben tienden a sobreinterpretar
su despecho.
- ¿Cómo escribe sus columnas?
Soy muy poco exótico escribiendo. Las columnas
las hago el lunes por la noche, con el ordenador
portátil sobre una mesa, y las retoco el
martes antes de mandarlas por la tarde. Suelo
pasarlas putas con los caracteres, que en la columna
horizontal de El Mundo son 2.400-2.410; primero
porque siempre me paso varias líneas y
luego porque cada cambio de última hora
me obliga a reformar todas las frases, recortando
de aquí y de allá las palabras y
las estructuras para no eliminar ninguna idea.
A menudo, al colgar los artículos en la
web me dan tanta vergüenza mis construcciones
telegráficas que los dejo como estaban
antes del ajuste de caracteres.
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