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España, 26 de noviembre de 2007
La frase  
"Soy muy poco exótico escribiendo"
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Bagatelas en solfa
  Kiko Rosique responde a nuestras preguntas.
(Valladolid, 1977) es licenciado en Historia y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Valladolid, columnista semanal en la sección de Opinión de los periódicos El Mundo-Diario de Valladolid y El Mundo de Castilla y León desde mayo de 2000, traductor y colaborador del diario El Mundo desde noviembre de 2004 y redactor de la agencia Servimedia desde febrero de 2005. Además, es autor del texto principal del tomo 21 de la colección La Guerra Civil, mes a mes, publicada por El Mundo a partir de septiembre de 2005, y de textos complementarios para otros seis volúmenes.
 


-¿Qué es una columna?
-Una columna es, o debería ser, una especie de ventana de atrás a la actualidad. Según el autor, la noticia o incluso el día, puede servir para desvelar ángulos ocultos, formalmente bellos o divertidos del tema escogido. En cualquier caso, algo que dé una vuelta a la primera impresión que transmite un acontecimiento o la visión general que existe sobre un asunto. Siempre es subjetiva, claro, porque la posición desde la que uno mira esa ventana de atrás es intransferible; está sometida a la impenetrabilidad de los cuerpos, al menos mientras uno no se convierta en papagayo de las opiniones y hasta las expresiones y chascarrillos de otros, como sucede a menudo. A mí, personalmente, me parece más interesante reflexionar sobre las cosas que contarlas, así que por ley de probabilidades supongo que habrá más gente que opine lo mismo. Algún director de periódico debió de pensar eso un día, le pareció pobre limitarse al editorial y dio entrada en sus páginas a un coro polifónico, que si de verdad es polifónico resulta mucho más colorístico, sugerente y constructivo. Ahora ya es una convención, y no es imaginable un periódico sin columnistas. Hay lectores que buscan en sus columnistas afines una mera ratificación de sus ideas y, de paso, argumentos que llevarse esa tarde al bar; yo he llegado a hablar con gente que me ha enumerado como si fueran suyos los argumentos que ya había leído por la mañana en la columna de Losantos. Otros sentimos que la discusión es un deporte fascinante y nos estimula más encontrar ideas que no se nos habían ocurrido o incluso que no compartimos. Si además, como es mi caso, uno tiene la suerte de que le dejen entrar en liza, pues se lanza a intentar contradecir tópicos o prejuicios ampliamente extendidos y, si se tercia, a dejar una comparación o una frase que sorprenda un poco al lector.

- Publiqué mi primera columna...
-En El Mundo de Valladolid, en mayo de 2000. Como suele suceder en la vida, mi llegada fue mucho menos épica de lo que uno quisiera que se contara en su biografía; tuve la suerte de ofrecerme cuando el periódico planeaba desdoblarse en dos (la edición nacional y un periódico independiente para las noticias locales y regionales), por lo que necesitaban columnistas. Me pidieron dos artículos de prueba, les gustaron y hasta hoy. Mi primer artículo vino a cuenta de que esa semana se había anunciado la candidatura del santo patrono de Valladolid, San Pedro Regalado, a patrono de Internet. Hice un pequeño ejercicio irónico bajo el título, tan manido en los panegíricos, de “Un vallisoletano universal”. No sé si a eso debería contestar yo, pero, honestamente, creo que suelo tener ideas novedosas, independientes, razonadas y matizadas sobre la mayoría de los debates de actualidad. Un compañero de periódico me dijo un día que no soy nada previsible; espero que lo dijera como un elogio y no como un reproche de incoherencia…

- Para inspirarme...
-Para inspirarme la verdad es que no hago nada. A veces me gusta cómo me sale el artículo y otras veces soy consciente de que me he limitado a cumplir el expediente. En efecto, depende mucho de los temas. Al escribir en un periódico regional, se supone que me tengo que restringir a comentar cosas que hayan pasado en Castilla y León, y eso reduce bastante las posibilidades. Suelo escoger uno que me permita plantear temas más generales o que tengan conexión con la actualidad nacional (“ya sabes: Zapatero criticó en Valladolid el Plan Ibarretxe”, y allá voy yo a comentar el Plan Ibarretxe), con mucha indulgencia y a veces algún cabreo por parte de mis jefes. Desde hace dos años, el blog en Periodista Digital me ha proporcionado una válvula de escape para dar sar salida a mi verborrea en los temas cruciales de la política española. ¿Cómo se supera la sequía? De ninguna manera. La sequía (muy característica, por cierto, del clima de la Meseta), no tiene solución, y la fregona hay que pasarla todos los miércoles aunque no llueva. Además, yo nunca he tenido artículos en nevera; puedo tener alguna idea pendiente en la cabeza, pero nada escrito de antemano. Sí, a veces parece increíble que al final siempre se te ocurra algo.

- Alguna columna que me haya traído problemas
-La que más, en septiembre del año pasado, cuando contesté a un artículo publicado en El Mundo de Castilla y León con otro titulado “Los agujeros negros de la teoría de la conspiración”. Criticaba el abuso que muchos opinadores hacen de las investigaciones sobre el 11-M dando por supuesto que todos los detalles que arrojan sombras sobre la versión oficial evidencian la existencia de una conspiración. Empleando la misma lógica en sentido contrario, yo decía: “si hubiera habido una conspiración, esto, esto y esto no habría sucedido así”. Hubo llamada de Madrid y mi director en Castilla y León, Óscar Campillo, tuvo que salir en mi defensa. Nunca me ha querido detallar la conversación, pero sí me dijo que los mayores problemas no los tuvo con Pedro J. sino con algún mando intermedio. Otra historia curiosa fue cuando, una noche de viernes de enero de 2003, un joven borracho se nos acercó a un amigo y a mí, nos pidió costo, se puso a hablar con nosotros y, tras mostrarnos su carné de guardia civil sin que nadie lo pidiera, empezó a decir burradas y casi nos pega. El miércoles, relaté los hechos, con el nombre del tipo incluido, en una columna aséptica titulada “Encuentro en la tercera fase”, y esa tarde llamaron a la redacción desde la Comandancia, preguntando quién era yo y qué era eso que había escrito, y pidiendo mi teléfono. Como en el periódico no se lo dieron, dejaron un número por si quería llamar yo. Lo hice y me invitaron a ir al cuartel a aclarar las cosas, así que allí me fui, pensando: “vaya, a lo mejor acabo como Lasa y Zabala”. Fue todo lo contrario; el subcomandante me trató con mucha amabilidad y demostró que el asunto le preocupaba honestamente. Llegó a convencerme de que identificara al energúmeno en una serie de fotos que no tenía disponible en aquel momento, pero se debió de conformar con el artículo “Al César lo que es del César” en que narré nuestra entrevista la semana siguiente, porque ya no me volvió a llamar.

- ¿A mano o a máquina?
-A ordenador, todo y siempre. Mi caligrafía es tan horrorosa que haría desagradable la simple vista de cualquier texto. No sé por qué los e-mails o los textos mecanografiados van a ser fríos, mecánicos o impersonales cuando leemos En busca del tiempo perdido en edición impresa. Yo pienso que Internet es el mejor invento de todos los tiempos, especialmente por la posibilidad de acceder a cualquier información y cualquier texto desde casa; la mayoría de los artículos de otros columnistas los leo en Internet. En cuanto a dar a conocer los míos, de momento no he notado una gran repercusión, pero bueno, por lo pronto, le debo a Internet esta entrevista.


- ¿Censura o autocensura?
Censura, he de decirlo claramente en honor de mi periódico y mis superiores, no he sufrido ninguna. Y eso que he escrito bastantes veces en contra de la línea editorial, tanto de Madrid como de la edición regional. Me han rechazado dos artículos en siete años, pero sería grandilocuente atribuirlo a la “censura”. Uno lo consideraron de mal gusto; era una carta ficticia de un niño que había sido fotografiado desnudo por su monitor de guardería, y nueve años después, cuándo él haría 11 y el monitor tendría que salir de la cárcel, le disculpaba y le comprendía. El otro lo escribí a la caída de Bagdad en 2003; se titulaba “Irak liberado” y el texto era todo él una lista de números del uno al ciento y pico, con el último interrumpido sugiriendo que la enumeración seguía y dos de ellos, en posiciones no especialmente destacadas, sustituidos por los nombres de Julio Anguita Parrado y José Couso. Es decir, algo así como: “Vosotros decís que ha caído el dictador, yo cuento los muertos que ha costado”. Me dijeron que ese artículo era una “jetada” y tuve que escribir otro. Honestamente, creo que no lo era, pero desde luego no puedo decir que me lo rechazaran por censura. De modo que, quizás porque lo que uno escriba en Castilla y León no tiene demasiada importancia, no he percibido censura económica ni política. En cualquier caso, me da la sensación de que el problema de la prensa madrileña o barcelonesa hoy día no es la censura desde ninguno de esos ámbitos, sino los contubernios que cada periódico mantiene con determinados representantes de uno y otro. Autocensura tampoco hay ninguna. Asuntos de los que prefiero no escribir, sí: todos aquéllos sobre los que me faltan conocimientos técnicos, o no tengo una opinión formada, o ésta coincide en líneas generales con la versión comúnmente aceptada. Dichos asuntos ya constituyen una restricción considerable; si les añades la escasez de temas interesantes que ofrece Castilla y León, que la mayoría de ellos ya los has tocado alguna vez y que uno no es tan ingenioso ni tan inestable como para poder decir algo nuevo a los pocos meses, el abanico es tan exiguo que sólo me faltaba autocensurarme yo por mi cuenta otros cuantos más. "Me quedaría sin repertorio”

- El mejor columnista de España es o ha sido...
Supongo que, si hay que destacar a uno solo por encima de todos los demás, aquí no se puede contradecir al tópico y el único que tiene empaque para ocupar ese puesto sería Francisco Umbral. Pero yo, personalmente, me siento más identificado, por ejemplo, con el rigor lógico y crítico de Javier Ortiz y la profundidad de pensamiento de Arcadi Espada.

- ¿Todas las opiniones son respetables?
No, de ninguna manera. Sólo lo son las opiniones que se basan en premisas demostradas y razonan sus argumentos. Es muy triste que hayamos llegado a un punto en que se valora más ser un demócrata que tener razón.

- Nunca sería columnista de...
-Bueno, no creo que yo esté en condiciones de decir que no a ningún medio. Pero presiento que, por ejemplo, de Libertad Digital me echarían pronto.

- La libertad de expresión tiene como límite...
-La mentira. Creo que hasta ahí vale todo. Incluidos los insultos y descalificativos, que son recursos retóricos como cualquier otro, sólo ofenden a los niños y en el fondo no significan nada. Yo no los emplearía, porque suelen ser mala táctica, pero me parece que quienes los reciben tienden a sobreinterpretar su despecho.

- ¿Cómo escribe sus columnas?
Soy muy poco exótico escribiendo. Las columnas las hago el lunes por la noche, con el ordenador portátil sobre una mesa, y las retoco el martes antes de mandarlas por la tarde. Suelo pasarlas putas con los caracteres, que en la columna horizontal de El Mundo son 2.400-2.410; primero porque siempre me paso varias líneas y luego porque cada cambio de última hora me obliga a reformar todas las frases, recortando de aquí y de allá las palabras y las estructuras para no eliminar ninguna idea. A menudo, al colgar los artículos en la web me dan tanta vergüenza mis construcciones telegráficas que los dejo como estaban antes del ajuste de caracteres.