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España, 14 de enero de 2008
La frase  
"La columna es una ventana abierta a lo cotidiano"
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+ "La literatura es mestiza"
Entrevista
 

Ricardo Menéndez Salmón responde a nuestras preguntas.
Nacido en Gijón, en 1971, es licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo. Coordinador de la revista El Norte de los Libros, colaborador del diario El Comercio y codirector de las colecciones KRK Pensamiento y KRK Tras 3 Letras, ha publicado la colección de relatos Los desposeídos (1997), la obra teatral Las apologías de Sócrates (1999) y las novelas La filosofía en invierno (1999), Panóptico (2001), Los arrebatados (2003) y La noche feroz (2006, premio Casino de Mieres). Su libro de relatos Los caballos azules (Ediciones Trea, 2005) —en el que se recoge el texto homónimo ganador del Premio Juan Rulfo, uno de los más prestigiosos de la narrativa en lengua castellana— ha sido saludado por la crítica con grandes elogios. En Seix Barral ha publicado La Ofensa. Es columnista de El Comercio y ABCD las artes y las letras.

 

1. ¿Qué es una columna? ¿Qué papel juegan las columnas en los periódicos? ¿Por qué las leemos, por qué se escriben...?
Una ventana abierta a lo cotidiano. O, dicho de otro modo, la conversión de lo cotidiano en un momento irrepetible. Concibo la columna como una especie de sublimación de lo que sucede, como un filtro que el escritor aplica a la realidad. Las columnas dibujan el mapa interno de un periódico, lo ordenan al generar rechazos y fidelidades. De hecho, un periódico suele leerse (o no leerse) siguiendo la pista de sus columnistas, no siguiendo la estructura que el editor propone. Creo que por eso se leen y escriben columnas: porque organizan la rutina, porque dotan de puntos cardinales, porque convierten algo excepcional (la escritura) en cotidiano.

2. Publiqué mi primera columna...
En 2001, en El Norte de los Libros, la revista, ya desaparecida, que publicaba el Gremio de Editores de Asturias. Escribí acerca de una efeméride relacionada con Clarín. Yo llegué a la prensa a través del reconocimiento que mi literatura comenzó a tener hace unos años. Y como cuando hago ficción, aspiro a que el interés de mis columnas sea doble: por el qué y por el cómo, por aquello sobre lo que escribo y por la forma bajo la que se expresa.

3. Para inspirarme...
En función del medio. Para un periódico local, como El Comercio, me fijo en lo más cercano (un problema en un barrio de Gijón) o en lo más lejano (la carrera espacial); para una revista con un público tan heterogéneo como Tiempo, trato temas artísticos, pero con cierto afán divulgativo; para el suplemento cultural del ABC, escribo sobre literatura desde la perspectiva más íntima posible, como una suerte de diario de lecturas. La sequía, de momento, no ha llegado. Tengo la convicción de que la realidad es tan intensa y el arte tan vasto, que resulta imposible quedarse sin palabras.

4. Alguna columna que me haya traído problemas.
Las columnas que podrían haberme traído problemas no llegaron a publicarse. La forma de censura más sutil que existe en prensa es previa a la publicación.

5. ¿A mano o a máquina?
Con el procesador de textos. Confieso que escribir a mano se me he vuelto imposible. Internet tiene un lado maravilloso (la vivencia del mundo a tiempo casi real, el acceso democrático a la sociedad del conocimiento) y otro problemático (la dificultad, cada vez más acusada, de separar la información del rumor, la evidencia del pastiche).

6. ¿Censura o autocensura?
Ya mencioné la censura previa a la publicación. Yo nunca me he censurado a mí mismo. He escrito sobre la hipocresía de la Iglesia católica, el terrorismo de Estado, la estupidez de Bush, el Mundial de Fútbol, un viaje a Japón o la literatura de Enrique Vila-Matas. El día que descubra que mi mano tiembla al escribir sobre ciertas cosas, es que seguramente me habré hecho rico.

7. El mejor columnista de España es o ha sido...
De los que ya no están, Joaquín Vidal y Manuel Vázquez Montalbán. Entre los vivos, me gustan algunos textos de Manuel Rivas y leo con enorme placer los artículos, cada vez más escasos, de Rafael Sánchez Ferlosio. En Asturias disfrutamos de un magnífico columnista, Juan Carlos Gea.

8. ¿Todas las opiniones son respetables?
Si están fundadas, sí; si nacen de intereses perversos, no. Pensemos en lo que se ha opinado sobre el 11-M desde cierta prensa de este país. Cómo esa opinión, basada en elementos fantasmagóricos, de política ficción, sólo ha servido para infectar la vida pública de España.

9. Nunca sería columnista de...
Mientras me dejen expresarme con libertad, escribiría para cualquier medio. Sin embargo es obvio que, de forma previa, son los medios los que escogen a sus colaboradores. Lo que quiero decir es que no me imagino recibiendo una oferta de La Razón.

10. La libertad de expresión tiene como límite...
Mientras esa libertad de expresión contemple la posibilidad de ser contestada, rebatida y, en último término, refutada, intentaría ponerle los menores límites posibles. De todas formas, tengo la sensación de que es el propio sistema el que autorregula su libertad de expresión. Pensemos, por ejemplo, en el tratamiento informativo que se dio a la muerte de la hermana de la princesa Letizia y a la que se le da, en cualquier programa de sucesos, al suicidio de un agricultor en un pueblo remoto. Donde en un caso se impone una especie de apagón informativo, en el otro conocemos incluso la marca de tabaco que fumaba el muerto.

11. ¿Cómo escribe sus columnas?
Sin ningún ritual fijo. En mi casa, en el trabajo; de mañana, de noche; escuchando música, en completo silencio.