Brad
Pitt quiere imponer entre el género masculino este verano la minifalda, que al
parecer resulta más cómoda que el pantalón corto o las bermudas que lucen determinados
tipos cuando aprieta el calor sin recatarse en mostrar las pantorrillas peludas
o, lo que es peor, añadiendo la guinda de calzarse sandalias para sacar al aire
los juanetes y las uñas renegridas por el sudor y el polvo de los pasos perdidos.
La verdad, como ya todo es posible en esta vida y nada nos sorprende, habrá que
esperar a ver quién es el primer "fashion victim" que salga a la calle con faldita
y a lo loco, en ese vuelo de la mitomanía entre la "Iliada" y Mary Quant, aunque
a mí me gustaría verlo intentar entrar en algún bar de los reservados a las divinidades,
como el Cock de mi estupenda y arbitraria amiga Pachi Ferrer, que, cada vez que
ve a un maromo con cualquier prenda que no le tape como poco medio peroné, le
lanza el bull-dog para que le clave los colmillos y los belfos en las canillas.
O con un poco de ayuda, directamente en el trasero.
Claro que en estos
tiempos de desconcierto en las poses y en la guerra, hasta el último mono puede
tener un conflicto entre las ayudas de los dioses o sus zancadillas a la hora
de sentir un impulso heroico de desmelene para codearse en el olimpo estupendísimo
de las omnipotencias, pero vaya, aquí todo Aquiles tiene su talón débil, para
el que no sirve enseñar las callosidades como escudo. Hasta la supuesta emoción
de la poesía épica se queda en maniobra evasiva cinematográfica en tiempos de
retirada sudorosa con pantalón de pinzas al estilo Bono. Los héroes ya no raptan
reinas, porque ya ni los cuernos merecen asedios, y hoy Helena podría ser una
perfecta divorciada que se casara con Héctor tan felizmente usando el caballo
de Troya para irse por ahí alegremente de juerga de incógnito con los amigos,
con un Ulises tratando de explicarle luego a Penélope que el problema de su extravío
y su tardanza era sólo porque el móvil no tenía cobertura.
Yo, desde
luego, que pienso divertirme como un Menelao desmelenado con la película de Wolgfang
Petersen, no creo que deba servir de inspiración para que los caballeros se pongan
falditas. Como no sean los jugadores de fútbol, para no perder tiempo en bajarse
la bragueta. Aunque para todo siempre habrá discusiones entre tirios y troyanos.