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España, lunes 17 de mayo de 2004

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Troya

Por JORGE BERLANGA
La Razón, 14 de mayo de 2004

Es la peor columna de la semana...
aunque su mérito tiene, partir de la nada para llegar a la nada.
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Brad Pitt quiere imponer entre el género masculino este verano la minifalda, que al parecer resulta más cómoda que el pantalón corto o las bermudas que lucen determinados tipos cuando aprieta el calor sin recatarse en mostrar las pantorrillas peludas o, lo que es peor, añadiendo la guinda de calzarse sandalias para sacar al aire los juanetes y las uñas renegridas por el sudor y el polvo de los pasos perdidos. La verdad, como ya todo es posible en esta vida y nada nos sorprende, habrá que esperar a ver quién es el primer "fashion victim" que salga a la calle con faldita y a lo loco, en ese vuelo de la mitomanía entre la "Iliada" y Mary Quant, aunque a mí me gustaría verlo intentar entrar en algún bar de los reservados a las divinidades, como el Cock de mi estupenda y arbitraria amiga Pachi Ferrer, que, cada vez que ve a un maromo con cualquier prenda que no le tape como poco medio peroné, le lanza el bull-dog para que le clave los colmillos y los belfos en las canillas. O con un poco de ayuda, directamente en el trasero.

Claro que en estos tiempos de desconcierto en las poses y en la guerra, hasta el último mono puede tener un conflicto entre las ayudas de los dioses o sus zancadillas a la hora de sentir un impulso heroico de desmelene para codearse en el olimpo estupendísimo de las omnipotencias, pero vaya, aquí todo Aquiles tiene su talón débil, para el que no sirve enseñar las callosidades como escudo. Hasta la supuesta emoción de la poesía épica se queda en maniobra evasiva cinematográfica en tiempos de retirada sudorosa con pantalón de pinzas al estilo Bono. Los héroes ya no raptan reinas, porque ya ni los cuernos merecen asedios, y hoy Helena podría ser una perfecta divorciada que se casara con Héctor tan felizmente usando el caballo de Troya para irse por ahí alegremente de juerga de incógnito con los amigos, con un Ulises tratando de explicarle luego a Penélope que el problema de su extravío y su tardanza era sólo porque el móvil no tenía cobertura.

Yo, desde luego, que pienso divertirme como un Menelao desmelenado con la película de Wolgfang Petersen, no creo que deba servir de inspiración para que los caballeros se pongan falditas. Como no sean los jugadores de fútbol, para no perder tiempo en bajarse la bragueta. Aunque para todo siempre habrá discusiones entre tirios y troyanos.