España, lunes 7 de junio
de 2004 | ::
Inicio >> Dolor
de columna >> Columna |
|
| Historias de la madre naturaleza |
| Por PAULO COELHO
El Semanal 30 de mayo de 2004 |
|
 |
Es
la peor columna de la semana porque... | |
Ya iba tocando que una columna de Coelho entrara en esta sección. El premio "dolor
de columna" a la regularidad. La filosofía barata y la autoayuda de bolsillo llega
para quedarse. | Opina
en el foro | | | El
león y los gatos Un león se encontró con un grupo de gatos que conversaban.
"Voy a comérmelos", pensó. Pero, de forma extraña, comenzó a sentirse más tranquilo.
Y decidió sentarse con ellos y prestar atención a lo que decían. -Mi buen
Dios -dijo uno de los gatos, sin darse cuenta de la presencia del león-. ¡Hemos
rezado toda la tarde! ¡Hemos pedido que lluevan ratones del cielo! -Y hasta
ahora ¡no ha pasado nada! -dijo otro-. ¿Será que el Señor no existe? El cielo
permaneció mudo. Y los gatos perdieron la fe. El león se levantó y siguió
su camino, pensando: "Hay que ver lo que son las cosas. Yo iba a matar a estos
animales, cuando Dios me lo impidió. Y, sin embargo, ellos han dejado de creer
en la gracia divina: estaban tan preocupados por lo que les faltaba que no repararon
en la protección que recibían".
En silencio El árbol estaba
tan lleno de manzanas que sus ramas no se podían mecer con el viento. -¿Por
qué no haces ruido? Al fin y al cabo, todos tenemos nuestra vanidad, y queremos
llamar la atención de los demás -dijo el bambú. -No hace falta. Mis frutos
son mi mejor reclamo -respondió el árbol. La margarita y el egoísmo
"Soy una margarita en un campo de margaritas", pensaba la flor. "Entre
tantas otras, es imposible notar mi belleza." Un ángel oyó lo que pensaba
y le dijo: -¡Pero si tu eres muy hermosa! -¡Pero quiero ser única!
Para no oír más quejas, el ángel la llevó hasta la plaza de una ciudad. Unos
días después, el alcalde fue allí con un jardinero, para reformar el lugar.
-Aquí no hay nada de interés. Cambiaremos la tierra y plantaremos geranios.
-¡Un momento! -gritó la margarita-. ¡Así que pensáis matarme! -Si hubiese
más como tú, podríamos hacer una bella decoración -respondió el alcalde-. Pero
es imposible encontrar margaritas en los alrededores, y tú, sola, no haces un
jardín. Y acto seguido arrancó la flor. Los puercoespines y
la solidaridad El lector Álvaro Conegundes cuenta que, durante la era
glacial, cuando muchos animales morían de frío, los puerco espines se dieron cuenta
de la situación y decidieron juntarse en un grupo. De este modo se darían calor
y protección mutua. Pero las espinas de cada uno de ellos herían a los compañeros
más cercanos, por lo que volvieron a apartarse unos de otros. Algunos empezaron
a morir congelados. Los otros tenían que tomar una decisión: o aceptaban las espinas
de sus semejantes, o desaparecerían de la faz de la Tierra. Con gran sabiduría,
decidieron volver a juntarse. Así aprendieron a convivir con las pequeñas heridas
que una relación muy próxima podía causarles, ya que lo más importante era el
calor del prójimo. Y, al final, sobrevivieron. | |