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España, lunes 13 de septiembre de 2004

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Recuerdo de Jesús de Polanco

Por ANTONIO GALLEGO MORELL
Ideal, 8 de septiembre de 2004

Es la peor columna de la semana porque...
Infumable. Eso de recordar batallitas (el mismo lo reconoce al final) es siempre pelín aburrido. ¿A quién le importa? Hay que pensar algo más en el interés de los lectores cuando se escribe.
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RECUERDO que Jesús Polanco y yo nos conocimos en calzoncillos blancos; hay que explicarlo, porque ninguno de los dos hemos salido del armario, como hoy es sorpresa diaria en los medios de comunicación que han conseguido aupar a un cien por cien muy elevado.

Acababa yo de tomar posesión del rectorado de la Universidad de Málaga y había viajado a Madrid para hacer las primeras gestiones para la creación de nuevos centros, porque de momento sólo se apoyaba la Universidad en los Colegios Universitarios de Ciencias y de Letras que venían funcionando dependientes de la Universidad de Granada. Muy temprano me telefoneó mi secretaria al hotel informándome que habían avisado del Palacio de El Pardo que Franco me recibiría en audiencia el próximo miércoles: era algo preceptivo que hacían con todos los nuevos cargos. Mi secretaria me proponía llamar a mi mujer, a Granada, y decirle que le preparara el 'chaqué' y que ella en su automóvil lo recogería y me lo traería a Madrid, pues no había tiempo para enviármelo; yo le dije que no hiciese nada ya que en Madrid había sitios donde alquilarlo y eso era mucho más cómodo.

En efecto, fui a uno de esos establecimientos, que estaba junto a un almacén donde yo recordaba haber ido en alguna ocasión con Tamayo, para conseguir algunos trajes para sus representaciones teatrales. Allí me dieron uno de mi talla aproximada y me dijeron que me metiese en el 'probador' para ver si los pantalones me estaban bien o había que hacerles alguna reforma, cuando salí con los pantalones en la mano porque me estaban bien, hacía otro tanto Jesús Polanco también convocado en audiencia ese mismo día. Yo conocía muy poco a Polanco pero al saber los dos quiénes éramos nos dimos la mano y estuvimos hablando unos minutos; el miércoles, los dos vestidos de etiqueta, volvimos a encontrarnos en la sala de espera del despacho del Jefe del Estado, y tuvimos ocasión de mantener una interesante charla sobre el momento político, a la que se incorporó Senillosa, al que yo conocí ese día y nos dijo que al venir en automóvil se había encontrado con manifestaciones de estudiantes, duramente reprimidas, a lo largo de los bulevares que luego suprimiría el ministro Arias, tras el asesinato de Carrero Blanco. Senillosa y yo regresamos juntos y tras dejar el estorbo del 'chaqué' en el hotel (nos hospedamos en el mismo hotel de la plaza del Carmen) nos fuimos a comer juntos; Senillosa era un gran e ingenioso conversador y estaba muy bien relacionado en Cataluña, por lo que tenía buena información política que era lo que más nos interesaba en aquellos meses.

No volví a ver a Polanco hasta varios años después, ya aparecido El País; fue la noche en la que la ultraderecha colocó una bomba en su redacción (Miguel Yuste, 40) y allí acudimos los amigos del periódico. Coincidí allí, naturalmente con Jesús Polanco y con Juan Luis Cebrián, entonces el director del diario; con Ramón Tamames y su mujer Carmen, hija de Leonardo Prieto Castro, y una amiga de mi hermano Manolo, que creo había sido compañera de carrera o de doctorado. Acudieron, creo recordar, a la sede de El País Julián Marías, Darío Valcárcel, Chueca y otros colaboradores. He debido resaltar en el artículo el nombre de la tienda de alquiler pues una de las cosas que comentamos Jesús y yo fue el buen estado en que los habían devuelto los novios, sin duda sus anteriores usuarios. ¿Cuántas pequeñas anécdotas se recuerdan a la vuelta de los 80! Las pequeñas batallas del abuelo que dicen mis nietos.