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España, lunes 4 de octubre de 2004

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Entrevero

Por MARTA ROBLES
La Razón, 2 de octubre de 2004

Es la peor columna de la semana porque...
En fin. Una manera brillante, nueva, inteligente e innovadora de acercarse a un asunto que nadie nadie nadie ha tratado esta semana. Enhorabuena, Marta.
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Propongo esta palabra hermosa que por alguno de sus versos tanto me recuerda a mi adorado Benedetti, para bautizar los matrimonios entre homosexuales. No se me había ocurrido nunca, pero hace un par de días, al escuchar en un desayuno televisivo a mi colega y amiga Victoria Prego, me pareció muy lógica la tesis de tener que buscarle palabras nuevas a lo nuevo. Y lo más nuevo, sin duda, serán las uniones homosexuales, que no matrimonios, porque es así como se llama a las uniones heterosexuales. Podrían ser, por ejemplo, matrimonios y entreveros. Así, supongo, se acabarían las confusiones. «Voy a casarme» dirían unos; «pues yo, el día siete, me entrevero». Tal vez llamando a las distintas cosas por sus diferentes nombres, pero igualando por completo sus derechos, no hubiera quien pudiera mostrar descontento. No pasaría lo mismo, claro, si alguna modalidad de pareja se le recortase la consecuencia natural de su estado legal –casado o entreverado–, porque entonces no estaríamos hablando de nombres dispares, sino de significados diversos.

En todo caso, yo diría que, más allá de los derechos de los hombres y mujeres a ser padres, están los de los niños a ser hijos. Por eso conviene resaltar que sólo si las personas, homosexuales o heterosexuales, solteras, entreveradas o casadas cumplen con todos los requisitos necesarios para convertirse en los padres y tutores de un niño, deberían serlo. Y eso quiere decir ser idóneos, por cabeza y corazón, que nada tienen que ver con el sexo.

Por supuesto, como la idoneidad también tiene medida, igual que a determinadas edades no se puede adoptar y que las personas solas tienen que esperar a que pase el turno de las acompañadas, los homosexuales deberían comprender que a ellos, la vez, igual se la dan más atrás. Pero sólo porque si a cualquier niño con sus necesidades cubiertas y sin miedo se le pregunta ¿qué prefieres una mamá y un papá o, dos papas? No dudará.