España, lunes 3 de noviembre
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| Hagan algo |
| Por JUAN JOSÉ MILLÁS
El País, 29 de octubre de 2004 |
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Es
la peor columna de la semana porque... | |
A pesar de que Boyero la salude como una gran columna y que plantee un asunto
importante, lo peor de ser un "grande" es que textos como este no hacen honor
al nombre. | Opina
en el foro | | | Yo
habría jurado que no veía la tele hasta que el otro día, en una reunión de amigos,
salió a relucir el tema y comprobé que me lo sabía todo. Si se hablaba de Francisco
Rivera, yo estaba al corriente de quién era Francisco Rivera, hermanastro,
por cierto, de Julián Contreras, e hijo de Paquirri, un torero ya muerto,
aunque su recuerdo continúa vivo no ya en la cabeza de los aficionados, que sería
lo normal, sino en la mía, que detesto los toros. Pero incluso cuando se hablaba
de La Legionaria o de Raquel, yo sabía que eran hijas de Gran
Hermano y podía aventurar sin problemas un par de juicios sobre cada una.
Lo mismo me sucedía con las series: pensaba que no había visto ninguna, pero las
conocía todas, desde Aquí no hay quien viva a Cuéntame, cuyo título
completo es Cuéntame cómo pasó y está protagonizada por Ana Duato
e Imanol Arias.
Salí de aquella reunión perplejo y al llegar a
casa pregunté a mi mujer si me había visto ver la televisión. Me dijo que, excepto
los telediarios y alguna película del Plus, que se emiten sin publicidad, nada
de nada, como ella misma. Entonces la sometí a un examen y resultó que se lo sabía
todo también. Como el asunto empezaba a cobrar tintes paranormales, pensé en un
programa concreto, Crónicas Marcianas, que no he podido ver jamás porque
me acuesto a las once de la noche, ya que soy un madrugador compulsivo. Está demostrado
científicamente que a esa hora escucho desde la cama Hora 25, el programa
de la Ser que dirige Carlos Llamas.
Pues bien, me lo sabía todo
también acerca de Crónicas Marcianas. Ahora mismo, según escribo estas
líneas, estoy viendo dentro de mi cabeza su decorado y, dentro de su decorado,
a Carlos Latre, a Boris Izaguirre y a Javier Sardá, entre
otros. Podría incluso relatar alguna de las escenas más escabrosas o violentas
sucedidas alrededor de esa especie de mesa redonda desde la que analizan la realidad.
¿Quién me lo explica? ¿Cómo es posible que haya visto tantas cosas que no recuerdo
haber visto ni en esta vida ni en la otra? ¿Me habrán implantado, sin pedirme
permiso, un receptor minúsculo en el cerebro? Lo grave es que este raro fenómeno
no sólo se ceba en mí, sino en media España. Por favor, hagan algo. |
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