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España, lunes 29 de noviembre de 2004

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Langostas

Por JORGE BERLANGA
La Razón, 28 de noviembre de 2004

Es la peor columna de la semana porque...
Confundir churras con merinas, las langostas con la inmigración, los turistas y los nacionalismos. ¡Dios, vaya empanada mental!
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Está el norte de Africa invadido por langostas, que ya han llegado a Canarias y no se sabe si van a animarse también a cruzar el Estrecho y presentarse en Andalucía, cubriendo con sus nubes las pateras y a lo mejor hasta sirviendo de alimento a naúfragos e inmigrantes que no tienen que echarse a la boca, pues sabido es y se reconoce entre gastrónomos que este tipo de himenópteros dispone de carne consistente y jugosa que bien aderezada, si no puede competir con el palinuro marino del mismo nombre, no desmerece en su textura frente a la gamba o el langostino de importación y origen lejano que solemos saborear con fruición en las tabernas y que ocuparán lugar de honor en nuestras mesas estas navidades.

En cualquier caso, ahí viene la plaga, con todo su poder simbólico de evocaciones bíblicas, confundida en este invierno primaveral entre los zumbidos extraviados del calentamiento planetario, como si perdiera el rumbo en búsqueda de plantaciones y riquezas en latitudes prometedoras fuera de temporada, sin encontrar más que la recompensa del insecticida y alguna que otra lechuga mustia en la ensalada de los chiringuitos a punto de cerrar, donde todavía puede que algún turista despistado pueda acabar comiéndose algunos de estos bichos aderezados al ajillo.

Bien mirado, una vez que en España ya no llega la plaga turística, que prefiere otros destinos después de haber sido más que fumigada por los abusos de los hosteleros, que nos llueva la langosta incluso puede ser considerado una bendición, en cuanto los cocineros avispados la sepan vender como delicia exótica en sus diferentes preparaciones, y los agricultores la aprovechen como motivo para pedir más ayudas al gobierno, en esas manifestaciones madrileñas donde luego acuden con sus pegatinas a comer en Lhardy.

Por ahora los canarios, a los que todavía no les ha crecido la plaga nacionalista para discutir si el guanche es o no lengua europea, se tienen que conformar con estas invasiones africanas que habrá que zamparse con mojo ante el olvido peninsular. Mientras las langostas atacan despendoladas el tabaco, sin importarles las recomendaciones sanitarias para su salud.