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España, martes 11 de enero de 2005

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Los Magos

Por MARTA ROBLES
La Razón, 8 de enero de 2005

Es la peor columna de la semana porque...
¿Alguien creía que era imposible que Marta Robles empezara el año con peor pie? Mec. Se confundió. Cada semana se supera a sí misma.
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Este año los Magos no han venido de Oriente. O a lo mejor sí: Se han escapado de ese otro lado del mundo y se han venido a este nuestro más que para traernos regalos aquí tenemos de todo para pedirnos que, por una vez, nos acordemos de los que tienen menos.

En Oriente, las cosas, ya saben, no están nada bien. Entre las guerras nuevas, los conflictos permanentes de siempre y los desastres naturales, nadie cree ya en los Reyes.Y tampoco es que crean mucho en nosotros que de mágicos no tenemos nada, porque saben bién, que no solemos ayudar más que lo justo.

Pero como ahora se les ha caído el mar encima y no tienen más remedio nos suplican sin palabras, pero con todas esas imágenes que nos parten el alma, que les ayudemos de verdad. Por eso nos piden, sobre todo, que no convirtamos su tortura en un suplicio permanente.

O lo que es lo mismo, que les perdonamos las deudas en serio, que no tachemos sus países como destino turístico y, más que cualquier cosa, que no se nos ocurra tener caridad de más con sus niños, que ya tienen bastante con lo que les ha tocado vivir.

Sí, sí, han leído bien: Que no queramos ser tan y tan caritativos con los más pequeños, o por lo menos, no a nuestra manera.

Porque nuestra forma de caridad siempre consiste en apartarlos de su entorno y traérnoslos al nuestro, aunque para ello tengamos que arrancarlos de sus lazos familiares e incluso saltarnos legalidades que cuando nos conviene tachamos de absurdas para procurarles «una vida mejor».

Precisamente porque existen todas esas «almas buenas», dispuestas a adoptar inmediatamente a cualquier «niño del tsunami», hay más organizaciones mafiosas que nunca trabajando en el tráfico de menores, captando a los niños solos y secuestrando a los acompañados, para satisfacer, además de los asquerosos impulsos pederastas de siempre, ese ansia de hacer el bien que llega de Occidente, donde algunos se las dan de Magos.