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enero de 2005 | ::
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| Los Magos |
| Por MARTA ROBLES
La Razón, 8 de enero de 2005 |
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Es
la peor columna de la semana porque... | |
¿Alguien creía que era imposible que Marta Robles empezara el año con peor pie?
Mec. Se confundió. Cada semana se supera a sí misma. | Opina
en el foro | | | Este
año los Magos no han venido de Oriente. O a lo mejor sí: Se han escapado de ese
otro lado del mundo y se han venido a este nuestro más que para traernos regalos
aquí tenemos de todo para pedirnos que, por una vez, nos acordemos de los que
tienen menos.
En Oriente, las cosas, ya saben, no están nada bien. Entre
las guerras nuevas, los conflictos permanentes de siempre y los desastres naturales,
nadie cree ya en los Reyes.Y tampoco es que crean mucho en nosotros que de mágicos
no tenemos nada, porque saben bién, que no solemos ayudar más que lo justo.
Pero como ahora se les ha caído el mar encima y no tienen más remedio nos suplican
sin palabras, pero con todas esas imágenes que nos parten el alma, que les ayudemos
de verdad. Por eso nos piden, sobre todo, que no convirtamos su tortura en un
suplicio permanente.
O lo que es lo mismo, que les perdonamos las deudas
en serio, que no tachemos sus países como destino turístico y, más que cualquier
cosa, que no se nos ocurra tener caridad de más con sus niños, que ya tienen bastante
con lo que les ha tocado vivir.
Sí, sí, han leído bien: Que no queramos
ser tan y tan caritativos con los más pequeños, o por lo menos, no a nuestra manera.
Porque nuestra forma de caridad siempre consiste en apartarlos de su
entorno y traérnoslos al nuestro, aunque para ello tengamos que arrancarlos de
sus lazos familiares e incluso saltarnos legalidades que cuando nos conviene tachamos
de absurdas para procurarles «una vida mejor».
Precisamente porque existen
todas esas «almas buenas», dispuestas a adoptar inmediatamente a cualquier «niño
del tsunami», hay más organizaciones mafiosas que nunca trabajando en el tráfico
de menores, captando a los niños solos y secuestrando a los acompañados, para
satisfacer, además de los asquerosos impulsos pederastas de siempre, ese ansia
de hacer el bien que llega de Occidente, donde algunos se las dan de Magos. |
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