info@pulevasalud.com
España, lunes 24 de enero de 2005

:: Inicio >> Dolor de columna >> Columna

Hooligans

Por JOSÉ JAVIER ESPARZA
El Correo, 19 de enero de 2005

Es la peor columna de la semana porque...
...para otros, lo más preocupante es que se aplauda.
Opina en el foro
Sócrates fue de la fama a la cicuta. Ramona Maneiro, de la cicuta a la fama. La otra medianoche comparecía en '59 segundos' para participar en un debate sobre la eutanasia. En líneas generales, fue un espectáculo bastante deplorable. Para empezar, uno no puede organizar un debate en torno a la actitud de una persona, llevar a la susodicha persona en carne mortal y, sin embargo, pretender que el debate no se convierta en un juicio a la protagonista. Porque, además, la propia Ramona Maneiro no hizo otra cosa en todo el debate que interpretar el papel de acusada que recusa a sus jueces, traduciendo en primera persona todos los argumentos que los contertulios enunciaban en tono impersonal.

Ocurre además que la señora Maneiro no parece gozar de ese tipo de temperamento que facilita el debate: crispada y con evidentes lagunas de formación, sus intervenciones parecían más propias de 'Crónicas marcianas' que de '59 segundos', y el estilo del rifirrafe contagió a los propios participantes.

En la deriva querellosa del tumulto jugó un papel importante el público que llenaba el graderío, que parecía seleccionado para convertir a la Maneiro en heroína nacional. Este del público, por cierto, es un punto flaco que '59 segundos' debería resolver. De entrada, es dudoso que un debate gane con la presencia de un público que interviene con sus aplausos o sus abucheos. Pero si se opta por tal fórmula, es decir, si se otorga voz al público, aunque sea bajo la forma de ruido, entonces habrá que garantizar que la composición del público refleja la misma pluralidad que la composición de la mesa. Porque, de lo contrario, el espectador se lleva la impresión de que un par de centenares de 'hooligans' son quienes deciden la verdad y la mentira con el efecto intimidatorio de su estrépito. Más allá de todo esto: ¿De verdad hay razones para convertir a Ramona Maneiro en una voz que la sociedad debe no sólo escuchar, sino también aplaudir?