España, lunes 21 de febrero
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| Resfriados |
| Por EDUARDO MENDOZA
El País, 14 de febrero de 2005 |
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Es
la peor columna de la semana porque... | |
No es digno heredero de Vázquez Montalbán. Ni esta semana ni en general. Pero
es que lo de esta semana... | Opina
en el foro | | | Cada
invierno, los fríos agresivos, los cambios bruscos de temperatura y sus insidiosos
aliados, los plantones en la acera y el error a la hora de elegir la ropa, nos
vuelven vulnerables a dos trastornos sin cura: el resfriado común y la creencia
de que se puede prevenir por medios mágicos. Son dos trastornos leves si no pasan
de ahí, sobre todo el segundo. Pero mal cuidados pueden degenerar en enfermedades
verdaderamente malas.
Parece demostrado que contra el resfriado común
no hay más defensa que las que tiene el organismo de cada cual. Y que no se puede
aumentar la plantilla como hacen los hoteles de la costa en temporada alta. Un
insumo brutal de vitamina C o de los derivados de la equinácea sólo sirven para
colorear y perfumar la orina. Es triste, pero es así. Ahora bien, como nos negamos
a aceptarlo, cada año aparecen nuevos compuestos, unos por vía oral, otros en
forma de inyección y otros en forma de parche o de sahumerio, que se venden como
rosquillas. Los médicos se niegan a recetarlos, porque su eficacia, más que dudosa,
no compensa los posibles efectos secundarios. Y si finalmente se avienen a recetarlos
o a dar su asentimiento a que alguien los use, lo hacen para no herir la susceptibilidad
del paciente, siempre propenso a sentirse incomprendido, cuando no a interpretar
el escepticismo en términos de oscurantismo o contubernio.
Aceptamos los
grandes males con resignación, incluso con admirable entereza, porque la naturaleza
humana está preparada para la tragedia. Pero no podemos aceptar que no tengan
remedio las pequeñas contrariedades de la vida diaria, sobre todo si se vienen
en forma de tragicomedia costumbrista, como es el estornudo, la tos y los moquitos.
Y aún nos cuesta más aceptar que los remedios sean lentos, inciertos, parciales
y engorrosos, tan semejantes, en suma, a todo lo demás. A los médicos, denostados
por su hostilidad a los remedios alternativos, nadie les obedece cuando nos recomiendan
algo eficaz para luchar contra el resfriado: comida sana, lavarse las manos a
menudo y, al primer síntoma, guardar cama y mucho líquido. Inmersos en un mundo
de mitología casera y simplificadora buscamos a todo panaceas, mientras la sobria
realidad se nos sube literalmente a las narices. | |