España, lunes 14 de marzo
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| El realismo mágico de Lola
Álvarez | | Por CARLOS
HERRERA El Semanal, 6-12 de marzo de 2005
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Es
la peor columna de la semana porque... | |
Que Carlos Herrera utilice sus columnas para hablar de sus amiguitos al principio
tenía su gracia, pero ya empieza a cansar un mucho. | Opina
en el foro | | | Cuentan
que fue el crítico de arte alemán Franz Roh el que, queriendo definir la
pintura realista que utilizaba elementos paradójicos –o que venía a dar un sentido
sobrenatural a lo ordinario–, creó el término ‘realismo mágico’. Yo no estaba
allí para saberlo, pero me creo lo que me dicen. Sin embargo, todos sabemos que
realismo mágico es ese arte narrativo que el exuberante Alejo Carpentier
trató de definir en El reino de este mundo cuando aclaró que la historia
de la América hispana no dejaba de ser una crónica de lo maravilloso en lo real.
El equilibrio entre la atmósfera mágica y lo cotidiano, la frontera entre lo real
y lo irreal, el carácter fantástico de la vida común… eso es el realismo mágico
en el que apoyaron su obra corredores de la letra del tamaño de Juan Rulfo,
Miguel Ángel Asturias o Arturo Uslar Pietri. Quien haya conocido
el lento goteo de las horas americanas sabe lo que digo. Lola Álvarez, periodista
andaluza, española y americana –como modestamente quiere ser un servidor–, me
contaba que su aterrizaje boliviano –donde sería directora y salvadora de la ATB,
Red Nacional de TV de Bolivia, propiedad del Grupo Prisa– le sirvió para entender,
de un plumazo, todo el cargamento surreal o irreal de aquellos predios tan hispanos
y tan lejanos a la vez. Quiso la sevillana arreglarse la cabeza, entiéndase peinarse,
y acudió a la única peluquería de aquella remota población a la que había viajado
a negociar no sé qué con no sé quién. Le dijeron, después de lavar y cortar, si
también quería secado. Dijo Lola que sí y la dueña, apartando las delgadas lenguas
de plástico que hacían las veces de cortina de su puerta, silbó con los dedos
la llamada a su ayudante el secador. Acudiera éste y, ante el pasmo de la española,
la invitó a montarse en la parte trasera de su motocicleta: el secado, evidentemente,
consistía en dar varias vueltas a la plaza del pueblo a la suficiente velocidad
como para que el pelo se desprendiese de la humedad. Aun le preguntaron si era
tan amable de sostener un palo con el que ahuyentar a los perros que, ora ladro,
ora muerdo, seguían el recorrido de la moto entre un gran alboroto. Y ahí la vieran
a ella, sentada a la antigua, rodeando con un brazo al motorista y con otro espantando
perrillos, dando vueltas a una plaza en tanto se le iba secando el pelo. Si eso
no es realismo mágico, que baje Dios y lo vea. No se trata de restarle méritos
a Gabo o a Vargas Llosa, pero los motivos de inspiración a veces
están a pie de puerta, esperando a un buen narrador que sepa trasladarlo.
Lola
Álvarez acaba de ser nombrada directora gerente de la agencia EFE. Grijelmo,
su presidente, le tenía puesto el ojo hacía ya unos cuantos años y donde éste
pone el ojo pone la bala. Después de poner en marcha el ICA –Instituto de Comunicación
Audiovisual–, en el que llevan un par de años enseñando a licenciados en periodismo
el difícil arte de la televisión, la periodista más laureada de nuestra Andalucía
va a tener que lidiar con los sindicatos, con los clientes, con los proveedores
y con otras hierbas. Me consta que lo hará con el mismo mimo que ha hecho sus
trabajos anteriores, pero no se me escapa que esa realidad es muy otra a aquella
mágica que vivió en la apasionante América de las cosas. Traigo aquí a colación
lo que escribió Alfredo Espino –poeta nacional salvadoreño al que los niños,
afortunadamente, estudian en las escuelas– en su emblemática obra Jícaras tristes:
«Emperatriz de los canoros rangos / el escondido jugo de los mangos / le dio el
azúcar para el ritornelo. / Y tal se ve cruzar, ebria de espacio, / buscando el
árbol, su imperial palacio, / bajo la gloria matinal del cielo…».
Pues
eso. Suerte. | |