El
circo es un gran espectáculo lleno de magia y fantasía, donde lo imposible se
convierte en real y donde la imaginación se desata embriagada de colores y misterio.
Cuando parecía que existía el riesgo de que el audiovisual y las nuevas tecnologías
arrinconaran el circo que ha nutrido de fantasía al mundo de muchas generaciones,
la aparición del Cirque du Soleil, fundado en Quebec por Guy Laliberté, ha demostrado
hasta qué punto el circo puede renovar su capacidad de fascinarnos incorporando
un lenguaje totalmente contemporáneo pero sin renunciar a integrar sus formas
tradicionales.
Cada vez que el Cirque du Soleil vuelve a Barcelona consigue
maravillarnos. Ahora lo hace con Dralion, dirigido por Guy Caron, en el que se
funden el dragón y el león, la antigua tradición del circo oriental con la mirada
occidental. Encotramos números sorprendentes. Su desafío es evitar la indiferencia
del espectador. Y claro que lo consiguen, no con agresividad, sino con arte, con
el ritmo de la espléndida música de Violaine Corradi interpretada en directo,
con la escenografía que constantemente se recrea a través de una sucesión de imágenes
impresionantes, generosas en cuanto a colores y emociones imprevistas.
El
Cirque du Soleil ha superado el reto de devolver al circo su dimensión popular
pero convirtiéndolo ahora en un espectáculo vanguardista. Esta es una de las grandes
asignaturas del arte actual en todas sus manifestaciones: experimentar, internarse
en caminos desconocidos, pero sin perder el contacto con el corazón de la gente.