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| No hay nada como un par de
huevos fritos | | Por
LUIS IGNACIO PARADA
ABC, 30 de marzo de 2005 | |
¿A
qué precio pagaríamos un par de huevos fritos si las gallinas, como el pájaro
bobo, pusieran uno solo al año en lugar de dos o tres a la semana? Al precio del
caviar, las trufas, las huevas de caracol. Y no habría suficiente territorio en
el mundo para montar granjas. Pero, afortunadamente, la gallina es la mejor amiga
del hombre y nos obsequia, casi un día sí y otro no, con una delicia gastronómica
que apenas apreciamos. Hasta que llegan unos cocineros famosos y hacen una jornada
de Homenaje al Huevo Frito en el Foro Gastronómico de Madrid, dentro de la Semana
de la Alimentación 2005.
Llevábamos años sufriendo las agresiones de los
imitadores de la cocina de mercado, la de los olores, la minimalista, la de autor.
Para un genio creativo que inventaba un plato de los de quitarse el sombrero surgían
veinte salteadores de caminos, engañabobos, expertos en ´épater le burgeois´.
Desde que, hace casi cuatro siglos Velázquez nos regaló su ´Vieja friendo huevos´
sabíamos que algo se escondía en ese manjar aparentemente tan sencillo que sigue
inspirando a los pintores. Mi amigo Pepe Molleda expone la semana que viene en
la Sala Manuela un acrílico sobre lienzo titulado ´Homenaje al huevo frito´ que,
visto en el programa, está para comérselo. Se lo tengo que decir a Pep Bruno,
que escribió un ´Cuento para leer mientras se come un huevo frito´. Y al autor,
cuyo nombre he olvidado, de aquella ´Oda a los huevos fritos´, que empezaba diciendo:
"Redondos, brillantes, vibrantes, fundentes, de fina puntilla, dorada y crujiente..."
A pesar de sus 200 calorías por unidad y sus 459 miligramos de colesterol por
cada cien gramos me voy a comer hoy un par adornado con alguna fruslería para
celebrar que el Homenaje al Huevo Frito ha salido anoche en los telediarios. Tal
vez para que, entre tanta declaración política inhumana, nos demos cuenta de donde
está el lado humano de la noticia. | |