Por MANUEL ALCÁNTARA
El Correo, 10 de abril de 2005
Es
la peor columna de la semana porque...
Manuel Alcántara es muy aficionado a enlazar frases bonitas y confía que eso le
sirva para salvar una columna. Ocurre en este caso, mucha paja para encontrar
algo de trigo.
Brusco,
ya que hasta ahora lo que venía permitiendo, ignominiosamente, era que cobraran
menos que los hombres aunque realizaran los mismos trabajos durante las misms
horas. Largos años llevan las mujeres luchando por la igualdad laboral, pero ahora
se van a encontrar con una situación que excede a sus aspiraciones. El borrador
de Ley de Promoción de Igualdad entre Hombres y Mujeres establece que «se dará
preferencia en caso de que se encuentren en las mismas condiciones».
No
recuerdo en este momento quién dijo eso de que la mujer será realmente igual al
hombre el día en el que se designe a una mujer incompetente para un puesto importante,
pero sé que estamos avanzando mucho en ese camino. Ya se propone que la justa
equiparación de los trabajos incluya también la paridad de las tareas domésticas.
En principio, las mujeres y los hombres están dotados de un modo muy parecido
para el adecuado manejo de una fregona. ¿Por qué no van a gozar de las mismas
oportunidades para llegar a ser unos virtuosos? Lo propio sucede con tantas y
tantas minúsculas e imprescindibles ocupaciones caseras. Ser ama de casa, o amo,
es el cuento de nunca acabar, ya que hay que empezar inmediatamente después de
haber finalizado.
«No se nace mujer, se nace persona». Eso sí me acuerdo
quién lo dijo: fue Simone de Beauvoir, en 'El segundo sexo'. Hay quienes creen
que la igualdad plena no se habrá conseguido mientras el número de hombres que
matan a sus mujeres no sea el mismo que el de mujeres que matan a sus maridos.
Tampoco estaría mal que las hijas primogénitas de los reyes pudiesen acceder al
trono, sin necesidad de esperar el nacimiento de un varoncito, o que una señora
pudiera decir misa o estuviera facultada para perdonar los pecados. Tengo entendido
que, tanto los capitales como los provinciales, abundan.