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España, lunes 18 de abril de 2005

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Tócate la oreja

Por ROSA BELMONTE
La Verdad, 15 de abril de 2005

Es la peor columna de la semana porque...
Y mira que nos gusta Belmonte, pero cuando la cosa es una concatenación sin sentido de anécdotas televisivas sin más, pues como que no.
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Dudas que me asaltan. ¿Cuándo tomó contacto King África con Paquito el Chocolatero? ¿Y por qué no se acabó el mundo en ese momento? ¿Por qué en el colegio de Los Serrano no paran de entrar los familiares en horario lectivo? Diego, Fiti y Santiago están todo el día allí metidos. Y otra. ¿Por qué es coja la doctora Weaver de Urgencias? Por cierto, y antes de empezar con lo menor, qué dos episodios de Urgencias hemos visto esta semana. Lástima que los hayamos visto cuatro gatos y sus pulgas.

Gato. Palomino analizó en Buenafuente la campaña electoral vasca. «Los del PP lo quieren ilegalizar todo. María San Gil tenía un gato. Gato, a ver, sal. Aver-sale. Ilegalizado el gato» (evidentemente esta es una gracia oral; por escrito pierde, pero espero que se haya entendido). También estuvo Paco León y Revuelta/León, que presentó a Paco (ay, que me lío, Raquel, qué pava) como Paco Tigretón. Mandaron un beso a Yolanda Ramos, que está malita en su casa. Ya me estaba yo mosqueando con que esta semana sólo saliera Mónica Pérez (llega una a echar de menos a las Montoya). Mientras Buenafuente se iba a un corte publicitario interminable, Sardá tenía a Leticia Sabater, que iba a seguir haciendo caja con su historia con Alberto de Mónaco. ¿Cómo lo conoció? «Desde su mesa del Beach Club me dijo si le podía dar un beso». Más tarde, Boris le gritaría: «Para pedirte un beso a ti hay que ser completamente gay».

El martes, el Follonero de Buenafuente había entrevistado a Susana Griso en el Bernabéu. «Como contigo todos los días» (él). «Yo me acuesto contigo todas las noches» (ella). El Follonero, ya en el plató, le pidió que si le importaba se tocara la oreja durante las Noticias. Y la tía lo hizo. Justo cuando Roberto Arce se estaba despidiendo y en el plano se veía a los dos. Buena prensa. Cualquiera se va a tocar la oreja en un informativo a requerimientos de Crónicas.

Hay un señor que ya me sale hasta en la sopa. El chófer de la familia Grimaldi. Lo encontraron los de Gente en un pueblo de Valencia y desde entonces está de gira por las televisiones. El tío se compunge cada vez que le nombran la muerte de la princesa Gracia (con la que habló diez minutos antes del accidente; esto lo repite como un mantra). A Crónicas Marcianas fue solo. A mí me gusta más cuando acude con su mujer (que se encargaba del apartamento en París del príncipe Alberto y repite mucho lo de Monsignor). Lo que tuvo gracia fue que llegó al plató en un Tiburón, que era el primer coche con el que trabajó con los Grimaldi. Él era el que conducía el coche donde iban Carolina de Mónaco e Ines de la Fressange. Esa famosa foto de cuando murió Stefano Casiraghi y Carolina iba para el aeropuerto. Esta parte al menos fue nueva. Para eso estaba Boris, que no es la Campos (quien entrevistó al matrimonio el otro día). Uy, qué mal está. Pues no se le ocurre pedir a J.J. Vázquez que no ponga en el Tomate unas imágenes en las que llama gilipollas a una reportera (con razón). Parece nueva en esto. Las emitieron, claro.