Dudas
que me asaltan. ¿Cuándo tomó contacto King África con Paquito el Chocolatero?
¿Y por qué no se acabó el mundo en ese momento? ¿Por qué en el colegio de Los
Serrano no paran de entrar los familiares en horario lectivo? Diego, Fiti
y Santiago están todo el día allí metidos. Y otra. ¿Por qué es coja la doctora
Weaver de Urgencias? Por cierto, y antes de empezar con lo menor, qué dos
episodios de Urgencias hemos visto esta semana. Lástima que los hayamos
visto cuatro gatos y sus pulgas.
Gato. Palomino analizó en Buenafuente
la campaña electoral vasca. «Los del PP lo quieren ilegalizar todo. María San
Gil tenía un gato. Gato, a ver, sal. Aver-sale. Ilegalizado el gato» (evidentemente
esta es una gracia oral; por escrito pierde, pero espero que se haya entendido).
También estuvo Paco León y Revuelta/León, que presentó a Paco (ay, que
me lío, Raquel, qué pava) como Paco Tigretón. Mandaron un beso a Yolanda Ramos,
que está malita en su casa. Ya me estaba yo mosqueando con que esta semana sólo
saliera Mónica Pérez (llega una a echar de menos a las Montoya). Mientras
Buenafuente se iba a un corte publicitario interminable, Sardá tenía
a Leticia Sabater, que iba a seguir haciendo caja con su historia con Alberto
de Mónaco. ¿Cómo lo conoció? «Desde su mesa del Beach Club me dijo si le podía
dar un beso». Más tarde, Boris le gritaría: «Para pedirte un beso a ti
hay que ser completamente gay».
El martes, el Follonero de Buenafuente
había entrevistado a Susana Griso en el Bernabéu. «Como contigo todos los
días» (él). «Yo me acuesto contigo todas las noches» (ella). El Follonero, ya
en el plató, le pidió que si le importaba se tocara la oreja durante las Noticias.
Y la tía lo hizo. Justo cuando Roberto Arce se estaba despidiendo y en
el plano se veía a los dos. Buena prensa. Cualquiera se va a tocar la oreja en
un informativo a requerimientos de Crónicas.
Hay un señor que ya
me sale hasta en la sopa. El chófer de la familia Grimaldi. Lo encontraron
los de Gente en un pueblo de Valencia y desde entonces está de gira por las televisiones.
El tío se compunge cada vez que le nombran la muerte de la princesa Gracia (con
la que habló diez minutos antes del accidente; esto lo repite como un mantra).
A Crónicas Marcianas fue solo. A mí me gusta más cuando acude con su mujer
(que se encargaba del apartamento en París del príncipe Alberto y repite mucho
lo de Monsignor). Lo que tuvo gracia fue que llegó al plató en un Tiburón, que
era el primer coche con el que trabajó con los Grimaldi. Él era el que conducía
el coche donde iban Carolina de Mónaco e Ines de la Fressange. Esa
famosa foto de cuando murió Stefano Casiraghi y Carolina iba para el aeropuerto.
Esta parte al menos fue nueva. Para eso estaba Boris, que no es la Campos
(quien entrevistó al matrimonio el otro día). Uy, qué mal está. Pues no se le
ocurre pedir a J.J. Vázquez que no ponga en el Tomate unas imágenes
en las que llama gilipollas a una reportera (con razón). Parece nueva en esto.
Las emitieron, claro.