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España, miércoles 28 de septiembre de 2005

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La miniexpo de Zaragoza

Por MANUEL MARTÍN FERRAND
ABC, 27 de septiembre de 2005

Es la peor columna de la semana porque...
¿Alguien consigue llegar al final? Enhorabuena.
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Aunque hoy menos que ayer, cuando una Exposición Universal era capaz de levantar una Torre Eiffel en París o crear un paisaje urbano como el barcelonés de Montjuich, este tipo de encuentros internacionales han servido de espuela para que muchas grandes ciudades del mundo, de Chicago a Londres pasando por Bruselas u Osaka, se pusieran al día y trataran de deslumbrar a sus equivalentes. Seguramente fue Sevilla, en el 92, el broche de oro que cerró un ciclo que ha durado siglo y medio, desde la «Expo» de Londres de 1851, y que ahora, en un mundo globalizado y televisual tiene, de tener alguno, mucho menos sentido.

Al hilo de aquel gran invento de las «Expo» surgieron, con distintos formatos y con ánimo de lucro para sus promotores, remedos voluntariosos como, por ejemplo, las Exposiciones Internacionales: más de lo mismo, pero con el límite de las monografías y del tiempo que, de los seis meses de las Universales, pasa al trimestre de las Internacionales. Zaragoza será, en 2008, una muestra de estas últimas, aunque las informaciones que, promovidas por su ayuntamiento, inundan las redacciones informativas de medio mundo favorezcan el equívoco y utilicen indistintamente lo de «Universal» e «Internacional», dos dimensiones muy diferentes.

Los grandes expositores en este tipo de eventos trabajan ya, clausurada la Exposición Universal de Aichi, Japón -con un balance cortito de visitantes extranjeros-, en la también Universal de Shanghai, que dadas las circunstancias políticas, económicas y sociales por las que atraviesa la China inventora del «comunismo de mercado» será un acontecimiento grande. Algo que, en principio, no beneficiará la miniexpo -Internacional- que Juan Alberto Belloch prepara para su ciudad, centrándola en el agua que los aragoneses racanean al resto de los españoles y en el desarrollo sostenible.

Es fácil entender que los políticos, sea cual fuere su ámbito de actuación, no dejen de buscar medallas que prenderse en la pechera para mejorar su imagen de cara a los próximos comicios a los que deberán someterse; pero eso, también, debiera tener su límite. En este caso, el de la rentabilidad y el aprovechamiento ciudadano de las elefantiásicas inversiones que suponen para una ciudad este tipo de acontecimientos. Belloch quiere «poner a Zaragoza en el mapa del mundo» y eso está muy bien; pero cuando Belloch proyecta -piénsese en la reforma de Código Penal- hay que echarse a temblar. Zaragoza es, desde antes de su actual alcalde, una de las grandes ciudades españolas. La duda es si puede permitirse el lujo de una descomunal inversión para «sólo» una Exposición Internacional. La respuesta nos la dará el resultado del invento; pero, con una inversión equivalente, ¿no habrá en la capital del Ebro otros proyectos de mayor interés económico y social?