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Es
la peor columna de la semana porque... |
| Una en representación
de las cientos de columnas aburridas y tediosas
sobre el Estatut. Qué cansancio. |
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La clave del éxito de la Transición Española
que desembocó en la aprobación casi unánime por
parte de los españoles de la Constitución de 1978, el
llamado «Espíritu de la Transición», se
basó en que no se hizo unos contra otros, sino los unos con
los otros. Para ello existió entre prácticamente todos
los partidos -desde luego los dos mayoritarios- un amplio consenso
que ha hecho posible que hoy disfrutemos del periodo más largo
de convivencia pacifica y democrática de la historia de España.
Fue una negociación dura, en la que todos cedieron en algunas
de sus reivindicaciones, pero finalmente contó con la aprobación
de más del 80% de los españoles. Ese acuerdo, nuestra
Constitución, nos ha dotado de las herramientas suficientes
como para desarrollar uno de los Estados de las Autonomías
que gozan de un amplio capítulo de competencias, aún
no todas desarrolladas al máximo.
Hoy no tenemos ese consenso necesario para su reforma. Lo quieran
o no los políticos catalanes, la sociedad española
no acepta las nuevas condiciones que los nacionalistas quieren imponer
al resto de los españoles. Algunos quieren destruir la Constitución
mediante la aprobación de un estatuto catalán que
no es otra cosa que una reforma constitucional realizada desde un
parlamento autonómico.
Nuestra Constitución, que nació del acuerdo de todos
los españoles, reafirma en su artículo dos los principios
fundamentales del Estado, sobre los que han girado nuestros últimos
veinticinco años de historia: la unidad de la Nación
española y la solidaridad entre todas las regiones que la
componen. Literalmente dice: «La Constitución se fundamenta
en la indisoluble unidad de la Nación española, patria
común e indivisible de todos los españoles, y reconoce
y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades
y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».
En cuanto al término nación queda claro, la única
Nación que cabe en la Constitución es la española.
En cuanto al segundo de los principios el Estatut rompe la solidaridad
entre las regiones españolas que exige nuestra Constitución
de 1978 es fácil. Los ciudadanos de cada región pagan
sus impuestos a una caja única del Estado, donde llegan todos
los ingresos, que luego éste, el Estado, se encarga de gestionar
en beneficio de toda España con lo que garantiza así
la igualdad entre todos los españoles. Lo que recoge el Estatut
es que el dinero aportado por los ciudadanos catalanes no vaya a
esa caja única, sino que se quede directamente en Cataluña
para que sea su propio gobierno el encargado de gestionarlo. Con
lo cual, Cataluña, una región rica, entre otras cosas,
gracias al trabajo de miles de emigrantes españoles provenientes
de todo nuestro territorio, no contribuiría al progreso de
aquellas regiones que aún hoy tienen un desarrollo inferior.
Es como si los señores más ricos de España
decidiesen recaudar sus propios impuestos y destinarlos a cubrir
tan sólo sus necesidades y no los de aquellos que más
lo necesitan. ¿Es ese el nuevo progresismo socialista? ¿Acaso
es eso solidaridad?
El principal problema es que tenemos un Presidente del Gobierno
débil y está actuando sin norte, de forma irresponsable.
Él, como máximo responsable político de este
país debe mantener la firmeza por el interés general,
y no desguazar España y venderla por piezas a sus socios
a cambio de apoyos para seguir en el poder.
En definitiva el Estatut, además de contener numerosos preceptos
claramente inconstitucionales, es una triste muestra de hasta donde
pueden llegar las ambiciones de algunos nacionalistas dispuestos
a hacer saltar por los aires el trabajo de muchas generaciones de
españoles y que hizo posible la reconciliación entre
las dos Españas salidas de la Guerra Civil.
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