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Es
la peor columna de la semana porque... |
| Hacía mucho que las perogrulladas no ocupaban el dolor de columna. |
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El concepto de conciliación entre la vida profesional y familiar, felizmente en boga, no es sólo una idea progresista tendente a humanizar el sistema
económico: es un paso más en el arduo camino de la equiparación de los roles masculino y femenino, una vez quebrado el anacrónico criterio de que la mujer ha de recluirse en los quehaceres domésticos -en el ámbito privado- en tanto el hombre se afana en tareas productivas que coadyuvan al progreso común y le reportan rentas con las que mantener el hogar.
Así, en el fondo, esta iniciativa laboral, que aún no ha conseguido instalarse del todo en el imaginario colectivo de este país, será también una herramienta valiosa en la lucha contra la violencia de género, una lacra que parte del arraigado tópico de que existe una disfuncional asimetría en el seno de la pareja. Con seguridad, cuando hombre y mujer se repartan equitativamente todas las cargas, las profesionales y las domésticas, en un ambiente cultural que haya superado los arcaicos estereotipos sociales y religiosos de la superioridad masculina, la institución familiar, así remozada, se convertirá en un fermento de solidaridad creativa y no de violencia. |