 |
Es
la peor columna de la semana porque... |
| Porcel, tan extraño, tan repetitivo, tan... puf. |
Opina
en el foro | | |
Ayer invocaba en esta columna una de esas inutilidades entre las que figuran los patrones ideales, o sea, la obviedad de que para que reine la bondad debemos ser todos bondadosos. ¡Y lo aplicaba a la política! Santa inocencia. Pero recibí una advertencia providencial: ordenando la biblioteca se me cayó y abrió un libro, Meridiano de sangre, del acaso único novelista épico de estos años y gran escritor, Cormac McCarthy. Transcribo parte de la página que quedó
expuesta:
"Que un hombre caiga muerto en un duelo no prueba que sus opiniones fueran erróneas. Su misma implicación en ese duelo da fe de una nueva y más amplia perspectiva. El que los protagonistas acepten renunciar a una disputa que consideran tan trivial como de hecho es, y apelen directamente al tribunal del absoluto histórico, indica a las claras cuán poco importan las opiniones y cuánto en cambio las divergencias que los enfrentan. Pues la disputa es en efecto trivial, pero no así las voluntades independientes que de ella se derivan. La vanidad del hombre podrá ser infinita, pero su saber sigue siendo imperfecto y por más que valore sus juicios llegará un momento en que tendrá que someterlos al arbitrio de una instancia superior. Y ahí no caben argumentos especiosos. Ahí toda consideración de igualdad y de rectitud y de derecho moral queda invalidada y sin fundamento, ahí las opiniones de los litigantes no cuentan para nada. Todo fallo de vida o de muerte, toda decisión sobre lo que será y lo que no será, supera cualquier planteamiento de lo que es justo".
Y como cierto editor extranjero me pide un breve texto muy personal sobre lo que es España, cara a una enciclopedia digamos espectral sobre el presente, envío el texto de Cormac McCarthy, añadiéndole simplemente el título España, ayer y hoy. Aunque, sin duda, supongo que el editor lo rechazará. Ya fue lo que me pasó con otro libro de varios autores y que trata de lo que sería Catalunya suponiendo que accediera a la independencia. Tenía que redactar una decena de folios y redacté una línea, ésta: "Si no existe Dios, ¿por qué ocuparnos de la teología?". Fui rechazado. Lo que puede comprenderse, pero en verdad creo que esta caprichosa pregunta mía define más que cualquier tratado o política la situación actual catalanista. A la par, desde hace años no había leído una definición tan clarividente y fatalista de un fenómeno que afecta a las naciones españolas y al Estado.
En todo caso, si alguien desea leer a un autor tan intenso como fue Faulkner, y sin nada que ver con los best sellers, ahí está el tempestuoso Cormac. Si la vida es un aliento, aspiremos el aire a fondo.
|