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Es
la peor columna de la semana porque... |
| Puf puf. Demasiado larga,
una introducción como esa no invita precisamente
a seguir leyendo. Vaya forma de empezar el año. |
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en el foro | | |
MUCHOS extremeños habrán podido observar en los últimos
meses, a través de las informaciones sobre temas políticos
ofrecidas por los medios regionales de comunicación, un fenómeno
que tiene suficiente interés para dedicarle alguna atención.
O ser motivo de unas reflexiones sencillas, no haciendo uso de grandes
cifras, datos macroeconómicos o complejos recursos estadísticos
sino, en exclusiva, de la experiencia de un hombre corriente.
Acostumbrados como estamos a ver o escuchar titulares informativos
ofrecidos por figuras destacadas de la vida política o económica
que sintetizan grandes asuntos de Estado, acuerdos o desencuentros
entre países e, incluso, civilizaciones enteras, cruentas
e incomprensibles guerras entre comunidades étnicas o culturales,
evoluciones de PIBs, VABs, RFDs o niveles de precios, OPAS hostiles
o pactadas y otras cuestiones de alta política, en Extremadura
hemos tenido la grata ocasión de apreciar cómo tratan
de ocupar un sitio preferente en la escena pública hombres
que no son nuevos en ella pero aspiran a tener unas responsabilidades
mayores diseñando y transmitiendo un conjunto de ideas y
proyectos que resultan de especial interés, por su estrecha
ligazón a los problemas cotidianos, para la gente común.
No en vano, unas y otras se ofrecen a través de un discurso
más cálido, fácilmente comprensible, provisto
de unas dosis elevadas de humanismo y característico más
de un individuo común, una persona normal de la calle o un
hombre del pueblo que singular de un político al uso.
El fenómeno a que hacemos mención no es otro que
el representado por las ideas y comportamientos del 'ciudadano'
Guillermo Fernández Vara, el hombre y político que
aspira a la presidencia de la Junta de Extremadura y dio sus primeros
pasos hacia ese objetivo marcado, inexorablemente, por el revuelo
mediático que generó el anuncio hecho por Juan Carlos
Rodríguez Ibarra de su ya cercana despedida como mandatario
regional.
Político dispuesto a la negociación
Afirman unos que se trata de un político dispuesto a la
negociación en todo momento. Otros de un buen gestor y profesional
eficaz, un consejero de Sanidad siempre atento a las sugerencias
(o quejas) que le plantean los usuarios del sistema extremeño
de salud. O, simplemente, de un hombre sencillo, una buena persona.
Y, enlazando con estas definiciones, bien podría hablarse
del 'ciudadano' Guillermo Fernández Vara, sin que pretenda
hacerse con ello ejercicio alguno de regresión histórica
ni trasladar su figura a la Francia revolucionaria pues en estos
compases iniciales del siglo XXI hablar de ciudadanía en
el ámbito político resulta tan complejo como el ejercicio
mismo de la actividad política.
Con esta etiqueta trata de señalarse que, observado a través
de sus opiniones, este médico de Olivenza dedicado a la vida
política no es un representante popular con unas ideas y
estilo comunes. Porque está rescatando y dignificando un
discurso que ha desaparecido, prácticamente, de los manuales
utilizados por muchos políticos. En particular la tesis de
quien tiene claro, ya al inicio de su andadura como candidato a
presidente de todos los extremeños, que la valoración
de las macromagnitudes demográficas, económicas y
sociales, los PIBs, los VABs o las OPAS y las relaciones institucionales
o de cualquier otra naturaleza requiere, más que nada, tener
en cuenta a las personas, a los hombres y mujeres considerados uno
a uno, no en abstracto, cuyas inquietudes y necesidades están,
o deberían estar, en el origen de la acción política.
Y, según parece, con estos planteamientos ha empezado Guillermo
Fernández Vara a construir su política, su propuesta
para Extremadura y su nueva imagen pública.
Observándolo a través de los periódicos, la
eléctrica contundencia de la televisión o la intervención
directa puede apreciarse su necesidad de tutear a los extremeños,
de abrir con ellos una relación cordial y de familiaridad
sin caer en populismo alguno. Y es que en sus manifestaciones aparece
una y otra vez el deseo de mirar más allá de las casas
de los pueblos y los bloques de las ciudades, ofreciendo un discurso
que, desde la esencia de su intención como político,
pretende mostrar cómo, aunque parezca mentira, debe aprenderse
a mirar las calles y edificios para descubrir en unas y otros lo
que de verdad importa, a los ciudadanos.
Parece, además, que su condición de médico
le ofrece una perspectiva singular, aplicando a lo cotidiano la
máxima de que no existen enfermedades sino enfermos para,
siguiendo este principio, llegar a la política general defendiendo
que no existen ciudades sino ciudadanos. Unos ciudadanos, creí
entender la única vez que le escuché directamente,
con los derechos reconocidos a todo hombre pero también los
deberes inherentes a su condición de ciudadano, de animal
político que necesita las complejas relaciones establecidas
por la sociedad para subsistir, sobrevivir, disfrutando la mayor
calidad de vida posible. En suma, de un ciudadano que, en cuanto
unidad social, valora por encima de todo un intangible como la convivencia
habida cuenta de que sin ella no hay pueblos, ciudades, regiones
y ni siquiera una auténtica ciudadanía ya que tampoco
existen personas.
La pertenencia a iuna comunidad
Para llevar adelante este proyecto, el ciudadano Fernández
Vara convoca a todos los pacenses y cacereños a fin de lograr
una Extremadura poblada de ciudadanos que, aún estando bautizados
por el nombre de su ciudad y apellidados de acuerdo con su barrio,
o marcados por el entorno próximo donde ríen, se entristecen,
surgen sus preocupaciones y alegrías, nacen y crecen sus
hijos o viven y conviven con otros ciudadanos, nunca deberían
olvidar su pertenencia a una comunidad de todos, a un espacio exento
de localismos y, en última instancia, a una región
preparada ya para afrontar cualquier tipo de retos apoyándose
en la fuerza del deseo de convivir.
Recuerdo, en fin, haberle escuchado otras ideas de Perogrullo,
aunque nunca innecesarias tratándose de un político.
Que sus relaciones con otras fuerzas políticas serán
francas, abiertas y sin condicionamientos. Que en el ámbito
económico la Junta de Extremadura está para acompañar
y no sustituir a los empresarios activos y emprendedores. Que la
construcción de autovías, carreteras, establecimientos
sanitarios y educativos, centros culturales, instalaciones deportivas
o equipamientos básicos sirve, únicamente, para el
disfrute ciudadano. O que la ampliación del bienestar de
los extremeños constituye su principal, si no único,
objetivo.
Y estos planteamientos no conforman, desde luego, una mala carta
de presentación. Especialmente si en el tiempo de maduración
de su candidatura y, caso de producirse, tras su llegada a la presidencia
de la comunidad autónoma extremeña mantiene firme
sus criterios y, como dicen en mi tierra, «no se apea del
burro».
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