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Es
la peor columna de la semana porque... |
| Bueno bueno bueno, ese
árbol genealógico soltado en varios
párrafos. Agotador. |
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en el foro | | |
EL sábado conocí a Clotilde Capece Minutolo, nieta
de Bernardo de Gálvez. Clotilde murió hace más
de cien años, pero mi encuentro con ella fue vivísimo.
Lo propiciaron la gentileza de José Luis Cabrera, de Milena
Conti, universitaria de Milán, y de una estudiosa y compositora,
Carla Conti. Gracias a ellos ha llegado a mis manos el diario de
una de las nietas del Virrey de México y Macharaviaya. La
estirpe de los Gálvez se extinguió, pero en sus ramas
femeninas brilló antes un genio más cercano al talento
artístico de la dramaturga María Rosa que al militar
de su encabalgado primo.
Clotilde, Adelaida y Paulina, hijas de Matilde (hija de Bernardo
de Gálvez) y del príncipe de Canosa, vivían
en Nápoles. Heredaron a la Condesa de Gálvez, y por
ello viajaron a Málaga y Madrid. Pero no eran aristócratas
pasivas: fueron unas apasionadísimas amantes de la música.
El ambiente de Nápoles fomentaba ese amor: muchos colegios
y conservatorios se dedicaban a la formación musical de las
jóvenes. Paulina y Clotilde compusieron numerosas obras sacras
y profanas, instrumentales y vocales, piezas para piano y para arpa,
canciones sobre textos de Petrarca o Shakespeare.... Su maestro,
Balducci, componía óperas para las hermanas. Entre
ellas, un título que nos conmueve: 'Boabdil, re di Granata'.
En 1882, Clotilde legó un riquísimo archivo a un conservatorio
napolitano: además de las obras familiares contenía
cientos de partituras y manuscritos autógrafos de autores
como Paisiello, Mozart, Scarlatti.
De todo ello da cuenta Clotilde en su espléndido diario,
que fue escrito con el objetivo de formar «memorias que enseñan
a conocer una época y dan el colorido de un siglo».
Criticó a su abuelo paterno por casar o enclaustrar a sus
hijas «senza avere in pensiero la loro felicità»
(aquí resurge el amor a la libertad de su antepasada malagueña):
-¿Siglo de tiranía, en el que hasta los más
blandos eran déspotas por convicción y antigua usanza!
Cuando viaja a Andalucía registra el encanto de los cantos
sobre leyendas del Cid y Bernardo del Carpio; en Zaragoza las confunden
con francesas por sus sombreros y las llaman «perros gabachos».
Criticó la Inquisición: el cocinero de la Condesa
de Gálvez fue a la cárcel por condimentar en viernes
«con sostanze di carne»: De Fernando VII dijo que era
tirano por educación y por costumbre: «Pero en el siglo
XIX, en el centro de la culta Europa, Fernando VII era un anacronismo,
como lo eran todos los Borbones de Francia, de España, de
Nápoles...»
Matilde, la madre, llevaba una caja de pinturas en sus viajes.
En 1839, cuando una pulmonía acabó con su vida precisamente
en Málaga, dejó muchos cuadros: una Magdalena, una
Judit, una Cristina de Suecia (¿) y una Safo precipitándose
en el Salto de Léucade (¿el mismo tema que había
llevado a la escena su tía María Rosa!). En uno de
esos viajes a Málaga, Paulina compuso un vals a cuatro manos,
con la dedicatoria "a Guanito" (a saber quién era
ese Guanito).
Coda agridulce: Bernardo tiene su estatua ecuestre y sus cursos
de verano; la rama artística, femenina, valiosísima,
sigue olvidada... ¿La conocen ustedes?¿La conocen
los galvecistas locales?
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