 |
Es
la peor columna de la semana porque... |
| ¿Nos lo parece
a nosotros o Martín Ferrand escribe siempre
de lo mismo? Sus columnas son como bucles, o algo. |
Opina
en el foro | | |
EL escaso caletre que muestran, como común denominador,
los integrantes del Gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero genera muchos de los males que, lejos de ser remediados,
crecen ante nuestros ojos. Asuntos graves en sí mismos, como
la actuación impune de los movimientos «okupa»
que, con epicentro en Barcelona, hacen temblar en toda España
el sentido de la propiedad privada -una de las columnas del sistema
que hemos escogido- son abordados con ligereza y frivolidad. Cosa
parecida ocurre con la «kale borroka», últimamente
recrecida y potenciada, que tiende a verse y tratarse como un juego
de vasquitos traviesos en lugar de hacerlo como una forma especialmente
contumaz del más puro terrorismo.
Sobrevolar los problemas, especialmente cuando afectan a gran número
de ciudadanos y conllevan desprecio a los valores que definen nuestra
propia civilización, es la manera más irresponsable
de ejercer el poder. Además, constituye un germen que pronto
florecerá males mayores. Ahí tenemos, dentro del amplio
muestrario de perturbaciones sociales que padecemos, el caso de
las bandas juveniles que este pasado fin de semana actuaron en Alcorcón.
Es algo que se veía venir desde que el bondadoso actuar de
Zapatero -tan falso, tan dañino- nos explicó por boca
de uno de sus mendaces portavoces que esos chicos podían
canalizar su ímpetu inscribiéndose en el Registro
de Asociaciones. Cualquier cosa menos madrugar para enfrentarse
a la realidad.
Al margen de que el modelo de «bandas» no encaja en
nuestra cultura de pandas y cuadrillas, que aquí el equivalente
al argumento de West side story son los dramas rurales sin música,
no cabe la tolerancia frente a modos y modas que parten de supuestos
racistas y fascistas. Dejarles pasar, en bobalicona condescendencia,
es ayudarles a subir un nuevo escalón. El rigor nunca es
un capricho y su exigencia siempre -siempre- ahorra males mayores
y carencias tan imprevisibles como dolorosas. No hay nada tan democrático
como el buen uso de la autoridad.
La megalomanía de Zapatero -tan destructora, tan vacía-
le empuja a solucionar los «grandes» problemas que afligen
a la Nación. Quiere pasar a la historia como el líder
que convirtió en corderitos a los lobos etarras y, mientras
tanto, se le escapan los caracoles del plato: van muy deprisa para
él. Asuntos que parecen menores y no lo son, especialmente
en lo referido al orden público y la seguridad, desde los
graffiteros desmedidos a los «chicos de la gasolina»,
deben ser abordados con tanta resolución como inteligencia.
No es así. Entre lágrimas y suspiros luce la especial
ineficacia del ministro Pérez Rubalcaba, que, según
la máquina constructora de prestigios socialistas, es una
de las mejores cabezas del Gabinete. Habrá que averiguar
para qué.
|