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España, miércoles 28 de marzo de 2007
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Dos grandes con Moisés

Por BALTASAR PORCEL
La Vanguardia de marzo de 2007

Es la peor columna de la semana porque...
Es cosa nuestra, lo reconocemos, pero Baltasar Porcel se nos hace muy cuesta arriba. ¿Por qué no continuaron con el sustituto? Francesc-Marc Alvaro mola más.
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Me llegan los últimos libros de dos grandes escritores. Y me permito un consejo al lector ambicioso: no debe creer la mayoría de los juicios emitidos por ahí sobre literatura u otra creación, pues sólo existen unas obras excepcionales: las que conmocionan. Lo demás es pienso para el gallinero.

El imaginativo es un mundo en paralelo al que desarrollamos la multitud, es la voz individual que esencializa con su lenguaje, ideas y visceralidad, convertidas en vida otra.Y ahí no hay secretos ni componendas académicas, mercantiles o doctrinales. Es selva, ebriedad, la noche y el alba enteras. Uno de dichos dos autores es ya muy conocido, Philip Roth; y el otro, poco, pese a su gigantismo único, es Cormac McCarthy. Y leo sus libros ahora en traducción francesa pues aquí no los he visto, pero B. Puigtobella me dice han sido editados. El de Roth se titularía Hablemos (de) trabajo, porosos ensayos y entrevistas con y sobre escritores tales Bellow, Edna O´Brien, Malamud o Singer. Roth los indaga con empática cautela. Me detengo en Saul Bellow, el más intelectual y más vital, divertido y patético novelista norteamericano del siglo XX. Que en Europa no ha seducido aunque le otorgaran el Nobel y que haya aquí pocos de su compleja fuerza. Y es que nuestro contexto es acomodaticio y le gusta ir tirando con el toma y daca de los redichos, pirueteros y escolásticos.

Ningún lector o crítico americano templado opondría la mera novela negra ni los obesos best sellers (que siendo allí donde han dado su mejor cosecha es aquí donde son casi lo único que nos come el seso) a supongamos novelas de Roth como La taca humana (Edicions 62), exasperada mixtificación existencial de un negro de piel blanca que se enmascara en judío. Con el desgarro anímico de una gran sociedad como caldo de cultivo. Aunque Roth por ahí pueda meterse en un exceso sociológico, es judío y se tensa. Tanto que para no dejar Nueva York ni meterse en saraos rechazó el reciente premio Príncipe de Asturias. Que luego dieron a Paul Auster, kafkiano de supermercado.

Cormac tampoco ve a periodistas y se está en Tejas, inmerso en la búsqueda de una salvaje comunicación con la aridez de la tierra y la tragedia del hombre. Es un autor tan agresivo y minucioso, deslumbrante, como Moisés en el Deuteronomio, y su tremendo relato épico Meridiano sangriento llega al prodigio: es el Sinaí del Dios inclemente rebrotado en un México perdido. "Es el más singular de los nuestros", suele decir Harold Bloom.

La sombría novela de ahora se titularía "No, este país no es para el viejo", y se clava como un garfio en el ser humano, cuyos límites y ansias son su sangre.